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Ahora que todo el mundo está enganchadísimo a Juego de tronos, Breaking Bad e (inexplicablemente) Once Upon a Time, no es mal momento para hablar de una de esas series poco conocidas: Episodes. Esta serie nos llega de la mano de uno de los co-creadores de Friends, David Crane, quien, junto a Jeffrey Klarik, nos trae esta serie sobre el mundillo de la televisión.

Los protagonistas, Sean y Beverly Lincoln, son dos reputados guionistas británicos. Después de ganar otro de sus numerosos BAFTA, les contratan para hacer un remake americano de su serie. Para ello, se mudan a Los Ángeles, donde les imponen a Matt «Joey de Friends» LeBlanc como protagonista. Promete, ¿verdad? Pues tampoco es para tanto.

¡Ese granujilla de LeBlanc…!

Episodes es otra de esas magníficas ideas mal llevadas. En principio, todo presagiaba una serie más que notable: Matt LeBlanc interpretando a una versión exagerada de sí mismo, las diferencias entre las políticas catódicas americanas y británicas, los problemas que surgen al adaptar algo para un mercado distinto… El problema es que todo se queda a medio gas.

Matt LeBlanc acaba haciendo de Joey. Un Joey algo más espabilado de lo que estamos acostumbrados (sobre todo si lo comparamos con el de las últimas temporadas, donde rozaba el retraso mental), pero Joey a fin de cuentas. No muy listo, mujeriego, impulsivo… Pues eso, Joey. Por otro lado, Lyman’s Boys, la serie que pretenden adaptar, no es graciosa. Nos enseñan una escena de un episodio, que el aclamado protagonista de la versión británica representa delante de los productores, y no tiene gracia. No ayuda que los asistentes a la lectura se rían como hienas, porque los diálogos son tan graciosos como los de Aída. Por eso, cuando todo se va al garete por las imposiciones de la cadena, no resulta creíble. La serie estaba muerta desde mucho antes.

«¡Zí, me guzta el zpeedball!»

La serie también falla enseñándonos los entresijos de las cadenas. Todo está demasiado manido, y los constantes comentarios de «eh, mira, ha venido Celebridad McFamoso» no funcionan porque nunca sale nadie. Dado que las referencias son totalmente innecesarias, les iría mejor sin ellas, más que nada porque parecen intentos cutres de parecer importantes, un quiero y no puedo.

La serie tiene un punto fuerte: Merc Lapidus. El clásico arquetipo de productor autoritario, mandón y preocupado solo por el dinero y trincarse a su asistente a espaldas de su mujer ciega. Una especie de señor Crapsmith que despide a un empleado porque le gusta una serie «sobre un perro que habla», que acaba siendo un éxito. El señor Crapsmith, eso sí, hubiera sabido reconocer el potencial de esa IDEACA al instante. Al final, las escenas más divertidas son las protagonizadas por Lapidus, el único que aporta ese punto de cinismo e incorrección que le falta a Episodes.

El jefe de todo esto.

Episodes no es una mala serie, es sencillamente una serie del montón. Por lo tanto, no me explico cómo es posible que estuviera nominada al Globo de Oro a Mejor Comedia y mucho menos que LeBlanc ganase el galardón de Mejor Actor de Comedia. Si tienen un rato, échenle un vistazo. Para entretenerse durante los escasos veinticinco minutos que dura, sirve.

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