Archivos de la categoría ‘Videojuegos’

Brutal Legend

Publicado: julio 5, 2013 de Fosforo en Videojuegos

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Vaya por delante que mis tiempos de metalhead han pasado. Hace ya mucho que pasaron. Tuve breves rachas de recuperación cada vez que integré a alguien nuevo en mi círculo de amigos, pero normalmente vuelvo rápido al redil y del heavy metal me quedo con los 4 clásicos que siempre me van a gustar y las 4 rarezas que me gustan cuando no quiero disfrutar de la vida. El resto del tiempo, la importancia del heavy metal en mis oraciones a Satán se reduce a suplicarle por un concierto de System of a Down cerca de casa.

Con estos mimbres me embarqué en Brutal Legend, un videojuego que rinde honroso homenaje al mundo del metal, a su estética (desde todos los puntos), a su mitología y a sus supuestos valores morales, esos que se supone que quedan por encima de ser un pintas, usar productos capilares absurdamente caros y ser subnormal. El amor a la música, el honor, la libertad, la creatividad, la lealtad y las tías buenas en camisetas negras ajustadas. Se trata de un juego de aventuras y acción en tercera persona en el cual, armados con nuestro hacha de guerra y nuestra guitarra eléctrica del poder, debemos  abrirnos paso por un mundo de fantasía heavy hasta destruir a una pandilla de pijos glam cegados por el lucro y que ha esclavizado a las nobles gentes del lugar.

La locaza de nuestro enemigo, Lionwhyte.

La locaza de nuestro enemigo, Lionwhyte.

 

Y funciona. Sea por el sentido del humor del juego, por sus diseños imaginativos y originales (más en los decorados que en los personajes, todo hay que decirlo), sea por su jugabilidad consolera pero fluída… el caso es que el juego es divertido, avanza bien, es complicado pero sin pasarse, ofrece entornos abiertos y misiones secundarias divertidas pero en el cual lo realmente grande es la historia de fondo… Es un buen juego, de verdad que lo es, y me lo he pasado muy bien durante buena parte del juego…

Lo cual hace un poco más peliagudo explicar por qué he dejado el juego a la mitad y no planeo retomarlo.

El juego que os he descrito está razonablemente bien. Lo que ya no está tan bien es cuando nuestro personaje se convierte en una suerte de general de campaña de un gran ejército compuesto por simpáticos estereotipos metaleros, y se impone ir comandando batallones, tomando decisiones estratégicas y ubicando a las tropas. En ese momento el juego se convierte en un aburrimiento, una especie de MOMA sin gracia ninguna. Los malditos combates de escenarios, para los que creo que incluso existe un modo multijugador. (más…)

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Pokémon y la ironía de la evolución

Publicado: octubre 25, 2012 de Nubis en Opinión, Videojuegos

Si algo ha perdurado a lo largo de varias generaciones han sido el virus del resfriado y los Pokémon. Y esto segundo con mucho gusto y menos remedios, oiga.
Tened claro que con nuestros nietos hablaremos de Pokémon animadamente. ¿Qué es lo que tienen estos videojuegos que no tengan los demás? Buena pregunta, al parecer el coleccionar y vacilar de tener es algo innato en la sangre humana.

Este artículo llevaba tiempo queriendo nacer, pues esta saga a supuesto demasiadas horas de mi vida y ya va siendo hora de hacerlo productivo… de alguna forma.

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Comencemos a cuando éramos chavalines, las primeras versiones:

La pera, se me ponen los pelos de punta al oír la canción con ese sonido (¡La mejor consola de la historiaaa!) y la de recuerdos que seguro a más de uno han invadido.
A día de hoy apreciamos que el juego ha envejecido algo, un poco… bueno, se ha hecho mayor sí, pero sigue teniendo un encanto especial que en parte puede que fuera lo que lo hizo tan grande.

En teoría, este proyecto no apuntaba muy alto. Su creador Satoshi Tajiri y su amigo diseñador Ken Sugimori aún así tenían toda la ilusión del mundo y no se rindieron, consiguiendo incluso la atención de Shigeru “Dios” Miyamoto (Reconocedlo, Sonic habría sido mejor con él) para supervisarles y que Nintendo les distribuyera el juego que programaban en plan colegas. Miyamoto de nuevo supo ser visionario y ver el potencial que aportaba la idea, porque menuda se lió ya que a día de hoy sigue siendo de los videojuegos más vendidos de la historia. Y eso que en un principio no tuvo mucho éxito el asunto.

Si analizamos el juego vemos que es un RPG al uso hasta un poco “indie” para entendernos, pues goza de los típicos errores, sistemas y aspecto de juego novel que le dan un encanto tremendo. Los gráficos no eran muy allá (vale, vale, era la época) pero eran suficientes para meternos dentro y flipar con cada nuevo Pokémon que nos aparecía. Quien no haya alucinado con la primera vez de ver una evolución de alguno de los tres principales, miente.
Otro de los alicientes era la cantidad de personajes que poseía, 151 ni más ni menos, aunque muchos se parezcan unos a otros. Para que luego digan del Suikoden.

Y lo dicho, alrededor del juego giran mil y una leyendas urbanas de lo que fue y pudo ser, hasta un creepypasta de esos de regalo. O incluso esos detalles ya borrados y dudosos como el Team Rocket con látigos y su jefe chungo mafioso, tal cual, o esos entrenadores llamados “Domadores” también con látigos. Como juego primerizo es lo que hay, pero ya digo que por mi parte eso le da más puntos.

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Para la siguiente generación ya notaríamos que la propia Nintendo metía mano, pues le había caído del cielo y contactos una nueva gallina de los huevos de oro. Pero lo que mejoró el asunto fue más la ilusión de ver un sueño cumplido por parte del equipo de desarrollo original, pues cogieron con ganas muy tremendas el nuevo proyecto.


De Lugia forever and ever!
Le den al del Oro, el gallo cósmico ese

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Aquí está la mejor generación imaginable para un juego de Pokémon. Oro y Plata supuso un pronto antes y después para esta saga. En un principio todos nos fijamos más en eso de 100 nuevos Pokémon, pero al final fue lo de menos ya que aportaba más elementos de RPG y nuevos detalles como el enlazar objetos, cosa que aumentó la estrategia tan básica del anterior.
Lo que más se notó fue el querer corregir los errores del primer juego, pues aportaba todo todito todo lo que había antes pero mejorado. Aún encima gracias a esto el juego fue y es el doble de largo que cualquier otro de otras generaciones posteriores, junto a un factor nostalgia aún cuando no había pasado tanto tiempo, pues visitar de nuevo Kanto, ver a viejos personajes con diseño mejorado y escuchar las mismas canciones con mejor sonido hizo revolvernos a más de uno por el suelo, entre éxtasis de locura y diversión.

Debe de ser el juego al que más horas le he echado, tantas, que no quiero ni pensarlo por el bien de mi cordura (en serio). Aún encima sacaron el remake, idéntico con mejores gráficos del primer píxel al último, y con tantas mejoras en todo aspecto y con tantas novedades que se hace insuperable. Hice bien en dejarme las drogas.

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Los siguientes juegos aportaban más de lo mismo siempre con el aliciente de nuevos Pokémon, unos pensados mejor que otros (EJEM, la bolsa de basura) y con novedades para mejorar la tan en un principio coja estrategia que ahora está bien nivelada.
Y he ahí el porqué del título del artículo, pues Pokémon ha sufrido siempre de no saber evolucionar. Da rabia ver como algo con potencial sufre del síndrome japonés de quedarse estancado tan visto en mangas o su televisión. Para ellos, si algo funciona, se deja tal cual, solo se añaden cosas por encima y a otra cosa, como los Power Rangers.

Absolutamente cada juego de la saga va de lo mismo, cada uno de ellos (hablo todo el tiempo de la principal, el RPG, se entiende), donde hay que completar la Pokédex por parte de un irresponsable Profesor Oak (¿alguien más piensa por aquí que en la serie dejó preñada a la madre de Ash?) mientras consigues ocho medallas y derrotas al Alto Mando para que aparezcan los Pokémon Legendarios de turno. Y lo peor es que apenas hay historia salvo en los últimos juegos, pues se representa a un chico o chica común que no habla y donde su madre no le dice ni hace nada para evitarlo a la vez que se gana dinero supuestamente en apuestas legales de combates Pokémon. Por no hablar de eso que si pierdes te quedas inconsciente y al despertar tienes la mitad de tu dinero… pienso de todo menos en algo bueno.

En fin, la historia deja mucho que desear, pues tiene un vacío de trasfondo muy grave, el legado de juego primerizo que aún perdura.

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Muchas veces lo he hablado con gente, un Pokémon “tipo Zelda” sería la bomba, un juego en 3D como dios manda en el que haya libertad a lo Sandbox, una historia interesante que seguir y donde las dichosas medallas sean algo secundario para completistas y buscadores de retos.
Hubo un intento, sí, pero fue eso mismo, un intento. Pokémon Colosseum fue una patada baja ya que era un re-frito de los Stadium bastante lineal y repetitivo donde los copy-paste “a la Capcom” eran la orden del día. Mira que por diseños prometía algo más maduro, pero se quedó en algo más soso aún si eso era posible. También era corto y sufría en bastante medida el otro mal de estos juegos… su velocidad.

“El Tiempo Japonés” (a lo Kurosawa) nunca se había aplicado tan bien como aquí. En unos juegos que se basan principalmente en combates y cazar cientos de Pokémon, el mayor error es hacer el asunto lento. Me temo que las decenas de horas surgen principalmente por esperar a que parpadee la pantalla y surja lateralmente el bicho de turno mientras grita su sonido, el personaje saca al suyo que lleva primero y decides entre un segundo o dos de diferencia a que se realice el ataque. Es el mayor mal posible para un RPG y quita muchas veces emoción al asunto. Se compensa cuando los combates son contra los entrenadores tochos o se intenta cazar un legendario sin Master Ball, pero para eso tienes que tragarte antes incontables, pero que incontables, combates de relleno que hacen perder el tiempo. Vamos, que lance la primera piedra aquel que no se ha puesto en el emulador la velocidad a toda ostia jugando a algún juego Pokémon.

A ejemplo de otro RPG, siempre recordaré que una de las cosas que más me gustaban del Final Fantasy X era la velocidad de sus combates, pues te atacaban y ya estabas ahí, y a la vez que dabas una orden el personaje anterior ya estaba actuando, por lo que en un minuto te podías marcar varias peleas perfectamente. Si Pokémon fuese así sería ya perfecto.


Que gran verdad

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Pokémon donde más ha influido y repercutido, en un modo que difícilmente podremos medir, ha sido socialmente. Desde cosas básicas como merchandising equiparable al de Hello Kitty, pasando por millones de dibujos por toda la red. E incluso hasta su propia sección en 4Chan, uno de los mejores aciertos de esta página. En serio, de los mejores memes (quien haya pensado en CuantoCabrón, fuera de aquí) o coñas de calidad han surgido en esa sección, y así lo atestigua su archivo, con paridas como esta o esta otra. Incluso hay para los fans de Disney…

Luego pasamos al argot y jerga con Pokémon de por medio entre chavales, o locuras varias como hasta matar por una carta. El juego de cartas de Pokémon, otro que tal baila, el único juego de este estilo que desbancó a “Magic: El Encuentro” por un tiempo. Aunque al final resultó ser una estrategia de marketing de la misma empresa de Magic para ganar jugadores… ¡Arg! ¡Otra vez nombrando a los empresarios!

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Antes de terminar también quiero hacer hincapié en el diseñador Ken Sugimori que siempre ha estado presente en toda la saga. El tío es MUY bueno, de verdad, pues es capaz de lograr siempre algo efectivo a primera vista e incluso mezclar lo sencillo con complejo. No solo se encarga de los Pokémon, también de los personajes, donde, vamos a ser sinceros, sus personajes féminas vuelven locos a todos/as. Solo hay que ver la cantidad de fan-arts de los mismos y el Hentai predominante, siendo prácticamente el manga con más material de este tipo y eso que sus personajes son de palo y solo aparecen un momento en cada juego, habiéndose creado en realidad su personalidad y forma a partir de la admiración por red. De ejemplos recientes tenemos la pasión que han levantado el nuevo diseño de protagonista chica junto a la bajista y la líder eléctrico (que me recuerda a Panty y Stocking). Y decían que este juego era para niños…

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En fin, este ha sido mi repaso a la locura nipona que no quiere pasar de moda, formando ya parte del patrimonio de la humanidad. ¿Qué exagero? Tiempo al tiempo, que las zarpas de Pikachu son muy extensas…

The Binding of Isaac

Publicado: octubre 22, 2012 de Fosforo en Videojuegos

Hola, me llamo Pablo Fosforo Blanco y soy adicto a The Binding of Isaac. Seguramente ya os he hablado alguna vez en este blog de mi pequeño problema de adicción y actitudes compulsivas a todo aquello que me proporcione cantidades indefinidas (pero muchas) de horas de ocio vacío y de baja exigencia intelectual. Binding of Isaac es mi nuevo Plantas contra Zombis porque cumple con todas las características de este: reto perpetuo, escenario aleatorio que evita la rutina de juego y el aburrimiento y posee una sencillez visual que al mismo tiempo puede cautivar. Lo que pasa es que donde el juego de zombis jugaba con el humor blanco (más o menos), el otro se mueve en un humor negro y una desasosegante sensación de que lo que estamos viendo es terrible.

Humor negro que arranca desde el minuto uno con esa terrible presentación (que, por desgracia, no consigo saltar en sucesivas partidas, lo que le hace perder su encanto) que parodia uno de los momentos bíblicos más populares, llevándolo a unos tiempos modernos donde sencillamente queda perturbador y grotesco. Y solo con eso ya se hubieran ganado mi aprobación. Pero la cosa sigue y el humor negro se traspasa a unos items numerosísimos que abarcan desde armas brutales que jamás dejarás de desear encontrarte hasta mediocres equipamientos que apenas aumentarán tus posibilidades de sobrevivir.

El caso es que muchos de estos equipos alterarán físicamente a Isaac, ya sea vistiéndole con unas bragas, clavándole una percha en la cabeza, deformando su cuerpo o incluso convirtiéndolo en un enorme demonio negro con cuernos y todo. Y los cambios no son reversibles, el pobre Isaac irá sufriendo estas transformaciones, algunas divertidas, otras grotestas, sin las cuales realmente tampoco es que pudiera sobrevivir a los malignos encuentros que le esperan en el sótano por el que intenta escapar de su madre.

El juego goza de una dificultad bastante elevada, por lo que supone un reto constante para el jugador. Cada vez que Isaac sea eliminado por alguna de las terribles criaturas que pueblan el mapa tendremos que comenzar desde el principio la historia, con un mapa distinto y objetos diferentes que irán apareciendo, haciendo de cada partida una inquietante, pero diferente, experiencia de juego. No hay una clave sobre como pasarse el juego. ¿Recorrer todos los sótanos al completo? ¿Intentar llegar cuanto antes a los jefes de cada nivel? La aletoriedad de mapas y objetos en él hacen que nunca sepas qué es lo que te conviene. Te mueves por instinto, desorientado, confuso y asustado. Justo donde te quiere el juego. (más…)

Hola de nuevo nostálgicos de los botones ya pelados (y otras cosas). En nuestro artículo de hoy trataremos de nuevo sobre videojuegos, pero enfocado más a un suceso que llegó a hacer historia entre jugones pre-granos.

Hubo un por aquel entonces donde había una rivalidad titánica entre las dos mascotas de dos de las empresas japonesas más importantes de videojuegos, ambas tenían a sus pies muchos de los avances en aspectos y detalles en videojuegos que aún perduran hoy día.

(Nota: Soy consciente de la historia, he leído la Wikipedia, pero si no voy con irónias no soy persona. Gracias por entenderlo, Submanga). Fue entonces que el señor Yuji Naka tuvo una idea para competir más directamente, un intento de hacer sombra a Nintendo con lo que fue también crear una mascota para varios de sus videojuegos (Después de ver el desastroso éxito del orejón Alex Kidd). Su pelota más directo le sugirió crear a un electricista, que era lo lógico y normal, pero su amo tuvo una idea mejor cuando su sobrino daltónico confundió el color de un erizo; una leyenda había nacido.
Que imaginación tenía Naka porque el nuevo juego presentaba muy similar al de su rival, con eso de ser de Plataformas, suave scroll lateral (bueno, no había mucho más en la época), coger 100 de algo para ganar una vida, ir por pantallas y cada X completar un mundo… vamos, la declaración de intenciones era tan clara que cualquier tonto lo vio. Shigeru Miyamoto por su parte, ya cansado del cuello de tanto mirar abajo y por encima del hombro, supo entonces que algo había comenzado: la guerra.

Una rivalidad, dentro del sector empresarial que sea, es algo beneficioso en varios aspectos, así que los dirigentes de ambas empresas no os sorprenda que se pusieran de acuerdo con centrarse en estos dos personajes para aumentar las ventas.

Y aquí surge mi opinión, la cual es bien clara en mi mente y sin opción de cambio. Para mi Nintendo ganó esta supuesta guerra desde un primer momento, Sonic nunca fue para tanto, pero que nunca.

No se hable más, Nintendo gana

(más…)

Camellos Digitales

Publicado: septiembre 27, 2012 de Nubis en Alcohol, Opinión, Videojuegos

Este artículo surge de algo que acababa de leer como titular de una pequeña noticia: “La adicción a los videojuegos, con síntomas “parecidos” a los alcohólicos y drogadictos”. En un primer momento se puede pensar en exageración, extraña comparación o sencillamente concluir en otra noticia sensacionalista que busca la atención; sus cinco minutos de fama.
Como alguien que se ha criado en la generación de los primeros videojuegos, tengo que oponerme de lleno a esta comparación afirmativa, pero por otro lado no puedo evitar dar cierta razón a la noticia, y precisamente es algo de lo que hace tiempo quería hablar.

Así que aprovechando, y como si esto fuera una especie de “Videojuerguistas Anónimos”, pues me lanzo a comentar el asunto empezando desde mi experiencia. Con lo que realizaré más un artículo de opinión (siento la “objetividad”).

Según algún periodista, la nueva generación de yonkis

Desde niño he jugado a videojuegos, si esto se compara/enfoca como pretende el nombrado titular, pues daría para un documental y una película basada en hechos reales poco fieles (algo me dice que será así pero con toda nuestra generación, ya veréis). Mi primer videojuego fue, o bien el Alex Kidd de Master System (la uno), o uno que no recuerdo bien de pistolas del ordenador Sinclair Spectrum en el que tenías que matar cerdos punk. Ahí comenzó una magia, un amor a primera vista del que quedaría enganchado, ¿y cómo no enamorarse de un monigote que obedece ordenes? Que con magia tecnológica era capaz de reaccionar con solo una cruceta de plástico, o que con invisible puntería me permitía realizar una matanza castellana de un movimiento musical. Como toda droga, se empieza en pequeñas dosis y se termina en inconsciencia del tiempo, donde la variedad de “pastis” era infinita… y eso que en la época nos limitábamos a no tantos juegos comparados con ahora.

El tiempo pasó y el amor se convirtió en inercia, costumbre, donde cada Hobby Consolas o Micro Manía (capos de la mafia) prometían novedades venideras que hacían ocupar meses tu mente soñando con meterle mano al nuevo Sonic o Super Mario. La Game Boy (ladrillo) nació y seguramente es una cosa que ha robado un 25% de mi vida al igual que las horas de sueño. La mejor puñetera consola de la historia, he dicho.
Más droga en forma de Meda Drive, Super Nintendo y PC, donde tenía acceso como casi todo ser viviente de los ochenta al típico amigo pirata-camello que era capaz de conseguir cualquier juego posible en diskettes de 3,5″. Mencionar que por esos lares surgió “La Edad de Oro de las Aventuras Gráficas”, de las mejores experiencias posibles para un ser humano.

Llegaron entonces los tiempos de los 32 bits y ahí re-surgió el amor, y eso que jamás había decrecido, el vicio fue aún mayor, la negación de la realidad fue casi absoluta para mi y colegas, donde bastantes de los mejores videojuegos de la historia se pusieron de acuerdo en nacer casi a la vez.
En la siguiente generación disfrutaba de la infravalorada Gamecube cuando ya dije… basta, se acabó, me bajo en los ciclicos Pokémon que esto tiene pinta de no acabar y hay una vida ahí por vivir. Desde entonces, he dicho muchas veces no a jugar a juegos, no porque crea acabar enganchado, si no porque ha llegado un punto que he visto que ya no me aporta, noto que ya no merece la pena. Aún así he recaído con gusto y me he viciado de lo lindo, por calmar, que de vez en cuando no sienta mal. Malditos portales de juegos Flash.
¿Qué he deducido de mi vida videojuerguista? Cosas buenas y cosas malas, como con todo, así que por esta regla de tres desmontamos al artículo de turno porque podemos extrapolar casi cualquier campo existente. Por otro lado, pues casi todo tiene puntos en común, y en este caso no es difícil la comparación con las drogas… o incluso al ganchillo, ya puestos a exagerar.

De cosas buenas me quedo, obviamente, con los buenos ratos de flipe y emoción, por el aumento de amigos y la unión con ellos y por, principalmente, el desarrollo de la creatividad. Toda nuestra generación podrá sentirse orgullosa de tener una imaginación bastante amplia, así como reflejos y una resolución ante los problemas más elevada, o al menos un punto de vista más amplio sobre ellos, comprobado.
Lo malo, bue, hay que ser sinceros con cosas como las horas tiradas a la basura y con ello otras posibles experiencias, lo anti-social y cierre en uno mismo que suele surgir por épocas, el empeoramiento en otras actividades (estudios, ejem), ser marginado por “diferente” en una época donde aún casi nadie jugaba a videojuegos, la evasión de responsabilidades… en fin, que si un día dije “basta” fue por algo solido. Quiero recordar que esta es mi experiencia, no tiene porque coincidir, pero puntos en común habrán.
Y, siendo honesto, dejar de jugar tanto a videojuegos creo que es de lo mejor que he podido hacer en mi vida, desde el mismo momento que pasé del tema mi vida mejoró en bastantes aspectos. Todo sea dicho, coincidió con otros sucesos importantes que conllevaron al cambio, pero quiero creer que toda piedra hace pared y que algo tuvo que ver también el dejarme las drogas digitales.

“Os dije que el problema no era yo, eran los videojuegos troooooonco”

Seguramente más de uno habrá pensado “pues no haber jugado tanto, culpa tuya” y razón no les falta, admiro si vosotros tuvisteis más voluntad. Pero casos como el mio habrá más de uno e incluso peores que aún a día de hoy durarán, y eso da bastante que pensar. Desde mi punto es fácil que suceda porque como está el mercado actual tenemos videojuegos ahora mismo hasta en la lavadora, lo que era impensable hace tan solo 10 años hoy se puede apreciar día a día donde hasta el abuelo ha jugado a algún juego, aunque sea al Solitario y Buscaminas del Windows. Así que casos de “dependencia” debe de haber más de lo que queremos creer.
Una sociedad así, ¿en qué nos beneficia? Es normal tener ocio, pero creo que esta época se ha excedido con ello, el punto medio ahora es difuso. Porque sigamos siendo sinceros, los videojuegos de hoy día son más ocio (o incluso “cine”) que otra cosa, ya no se programan tantos juegos productivos como antes, la regla del usar y tirar se aplica hasta en este mundillo.

La cultura videojueguil a crecido considerablemente gracias a la buena publicidad y adaptación del medio a todas las edades y tipos de público, tocando la cúspide con la llegada de la Wii, considerándose de verdad la primera consola familiar de la historia junto a la Nintendo DS.
Y cómo son las personas que aún habiendo publicidad y videojuegos por todos lados desde siempre, desde el principio, no fue hasta que se propagó y se enfocó de manera general que no se abrió los ojos para aceptar esta tecnología como algo normal y común (más de lo que siempre se ha creído). Imagino que la televisión tuvo una evolución parecida, siendo ahora los juegos la nueva excusa de los padres para no preocuparse del crío por un rato largo.
Todo esto ha sucedido, para variar, por intereses más grandes que los originales, llevando y acabando siempre en lo mismo: el dinero. Y de esta forma los videojuegos terminaron definitivamente por convertirse en el décimo arte, surgiendo mucha pasta de por medio mientras inversamente se pierde una calidad e interés artístico, similar a lo que ocurre a todas las demás grandes expresiones creativas. Bienvenido al carro. (Ya que lo nombro, aquí en CC se habló del tema).

De ejemplos conocidos que pueden apoyar perfectamente al artículo de marras, pues sin duda encaja el World of Warcraft, en el cual todos habréis pensado de sobra. ¿En cuantos millones de jugadores se quedó la cosa? Y es que este no es el problema, el asunto radica en las mil historias (muchas exageradas seguramente) donde jugadores pasaban horas y horas, si hacía falta sin dormir, todo por querer subir al nivel máximo o conseguir El Objeto Epic de la Mega Leche + +. Aparte está el tema monetario, donde chavales se han dejado dinero real por un tubo para conseguir algo que realmente no existe. Aunque los casos más fuertes no los tiene este juego pero si uno de la misma compañía, donde según tengo entendido el Diablo III es el rey de vender objetos a precios prohibitivos.

Puede que sea eso, una manera de exagerar el asunto como si del propio titular me tratara, el cual he apoyado, contradecido e incluso ignorado… la verdad que con este tema cualquier opinión tiene cabida. Pero por ahora el asunto es relativo, y no puedo evitar pensar que la bola se hará más grande y lo que es un titular tonto hoy día puede que mañana sea ya una convicción de sobra asumida como lo es con el alcohol. ¿Se llegará entonces al punto de como este y se destrocen vidas? No creo, pero hay tantos casos y personas que a saber… alguno caerá, y es entonces que alguien ajeno se aprovechará y sacará tajada a costa de desprestigiar a lo grande algo que quizás no lo merezca tanto.
O quien sabe, puede que pase como con el fútbol y al mover mucha pasta nadie diga nada y a seguir la marcha. La sociedad es así, vaya, y no sería la primera vez.

“Ale chavales, me voy a meterme una de Layton y media de Tekken”

Batman Arkham Asylum

Publicado: septiembre 2, 2012 de Fosforo en Videojuegos

Batman Arkham Asylum es, en esencia, el arte de ser Batman. No se me ocurre otra forma de explicar el juego que esa. Realmente podría haberse tratado de un juego de acción genérico enfundado en la franquicia del hombre murciélago, pero en absoluto, se trata de la pura esencia de Batman, del personaje universal. No de una de sus muchas interpretaciones si no, al final, de una interpretación universal y prácticamente atemporal que esquiva con buen hacer al Batman de las películas para permanecer a un concepto y a un mito mucho más grande. Y desde esa perspectiva, difícil de alcanzar, además se construye un juego sensacional que cubre todas las necesidades del medio de una forma inteligente y efectiva. Un videojuego contemporáneo que cumple con todos los requisitos exigidos hoy en día a un videojuego de forma firme y, en varios casos, mejor que la media de la oferta videojueguil del género.

El juego se mueve en el universo de Batman con tranquilidad y seguridad, juntando a varios de los más peligrosos enemigos de Batman, recogidos de diferentes épocas, y llenando de guiños a la vasta galería de enemigos del superhéroe para que no se queden sin nombrar (casi) ninguno de los que no puede salir por una falta, lógica, de espacio. Con el Joker como lógico maestro de ceremonias, Batman: Arkham Asylum supone un completo acercamiento al personaje, con fichas y profundización en muchos de los personajes que podemos encontrar en las páginas de un cómic. De este modo ofrece un completo recorrido para los menos aficionados a Batman, mientras que para los acérrimos supondrá un gran placer descubrir todas esas referencias mientras nos sumergimos en una historia que va creciendo en dimensiones hasta sitiar toda la isla del célebre psiquiátrico lleno hasta los topes de dementes criminales.

Tendremos que usar todo el arsenal de equipos de Batman para hacer frente a estas amenazas. Batarangs de lo más variado, garfios, explosivos, poleas y mucho más formarán parte, a medida que avanza el juego, de nuestro muy necesario repertorio de gadgets que ayudarán a Batman a avanzar entre una auténtica marea de sicarios del Joker dispuestos a acabar con nosotros en todo momento.

Hay pocas cosas que MOLEN más en el mundo que volar con Batman.

Pero no solo eso, sino que en muchas situaciones tendremos que servirnos de estos equipos para operar con sigilo y cuidado, evitando ser detectados por los matones armados que puedan acabar con nosotros antes de que lleguen nuestros puños. Así, la ocultación, la paciencia del momento adecuado y la estrategia para abordar cada nuevo escenario colmará las necesidades de cualquier aficionado a un Splinter Cell. No olvidemos que somos Batman, y hay que sembrar el temor y el miedo en los corazones de los criminales. Esto implicará en muchos casos renunciar al combate directo para dedicarnos a colocar trampas, caer desde los tejados o acechar por la espalda a nuestros enemigos. Exacto. Acechar por la espalda. Puro Batman. (más…)

Max Fucking Payne 3

Publicado: agosto 3, 2012 de Fosforo en Videojuegos

Max Payne (y su secuela, aún mejor en muchos aspectos) fueron dos juegos que marcaron mi primera adolescencia, una adolescencia donde los videojuegos eran uno de los ejes centrales de mi actividad, algo que no viene siendo así desde hace varios años, como atestiguan las escasas entradas sobre videojuegos que contiene este blog. Por eso, cuando se anunció un Max Payne 3 después de varios años de evidente silencio (la historia estaba terminada de sobra) una parte de mí deseaba con todas sus fuerzas la aparición del videojuego. Una especie de encuentro con ese yo jugón de comienzos del siglo XXI que en muchos momentos uno llega a añorar.

¡Max Payne con el Sol de fondo! Es como hacer una peli de Batman donde casi siempre sea de día…

Precisamente por eso, el juego creaba en mí una gran expectación que me hizo devorar promociones y videos una y otra vez, creando seguramente la imagen en mi cabeza de que dicha expectación se compartía por el resto de la red. También influía que algunos de mis amigos estaban tan colados por Max Payne como yo, y se convirtió en un tema de conversación aún más recurrente que mi amada saga The Elder Scrolls. Sin embargo, una vez el juego vio la luz todo el ruido producido por su lanzamiento se apagó. A diferencia de lo que había ocurrido con otros de los juegos que me habían emocionado durante este tiempo, Max Payne se apagó como una vela al estrenarse, y los comentarios acerca de él fueron mínimos. En mi cabeza aquello solo podía deberse a una cosa: el juego no era para tanto.

Si Max Payne 3 fuera el juegazo que yo (y todos, claro) estaba esperando, se seguiría hablando de él durante meses, la gente estaría que no cagaba. Y puesto que no ocurría tal, tenía que ser que aquellos idiotas de Rockstar se hubieran quedado lelos del todo y hubieran hecho un mal juego. Por eso, finalmente me resultó sorprendente lo satisfactorio que me ha resultado su compra. Es decir, me esperaba un gran juego originalmente, pero el hype había ido desapareciendo, sustituido por cierto grado de recelo e indiferencia que ahora, de nuevo, han sido superados por el entusiasmo ante un juego completo y muy divertido. En definitiva, Max Payne 3 ha sido una gran compra.

El juego ha cumplido todas mis expectativas originales, pero la primera de todas y la que seguramente me parecía más importante, es que estamos ante un Max Payne. Sin ninguna duda, a pesar del paso del tiempo y varios cambios de forma, este juego sigue perteneciendo indudablemente a esta saga, y resultaría muy difícil confundirlo con cualquier otro. Para mí, eso era imprescindible porque, al fin y al cabo, lo que yo quería era revivir la experiencia que había sentido jugando a Max Payne 2 por primera vez. En ese sentido, como digo, ha sido muy cumplidor, y a pesar de que hemos sustituido los fragmentos en viñetas y demás por animación en movimiento que se transforma en acción sin previo aviso, el tono de diálogos interiores y reflexiones narrativas se mantiene perfectamente. Todos los tópicos de los que pudimos burlarnos en Max Payne y Max Payne 2 vuelven íntegramente. Al fin y al cabo, la saga es una hipérbole del género negro. (más…)