Fosforo contra la televisión

Publicado: julio 15, 2014 de Fosforo en Fosforo contra...

No soy muy aficionado a ver series. Siempre he preferido las películas, cuyo tiempo está más o menos medido. En cambio, me cuesta mucho tolerar la esclavitud de las horas y horas que cuesta ver una serie completa. Sin embargo, entre temporada de exámenes, verano más relajado y caluroso y tiempo libre derivado, entre otras cosas, de no tener un blog que actualizar, he sacado un rato y le he dado un tiento (o un repaso) a un buen puñado de series terminadas o no. Me voy a dejar para otro día Penny Dreadful, seguramente el descubrimiento más fortuito y afortunado de este año, y os voy a comentar lo demás. Atentos, que hay para todos los gustos.

Especialmente si tus gustos incluyen, como es mi caso, una serie corta que te permita dedicarle una cantidad de tiempo asumible de entrada. Eso fue lo que me animó a dedicarle unas horas (seis, nada más) a Peaky Blinders. Y es que aunque parece ser que va a haber segunda temporada, casi podríamos hablar de una miniserie de seis capítulos en los que se relata el ascenso de Thomas Shelby en los bajos fondos de Birmingham a su vuelta de los campos de batalla de la Gran Guerra.

Esta historia de mafiosos ambientada al filo de los años 20 escapa a muchas producciones de ambientación similar (lo primero que me viene a la mente es Boardwalk Empire) porque Birmingham no es una ciudad americana llena de mafiosos en traje asaltando bancos a punta de ametralladora. La Inglaterra de Peaky Blinders es sucia, gris y triste. Una Inglaterra obrera e industrial cuyas calles están llenas de un fango muy similar al que abrazó en la muerte a miles de ingleses durante una contienda que transcurrió a las puertas de su nación. No hay un océano entre las trincheras de la Gran Guerra y nuestros protagonistas. Apenas hay un brazo de agua, igual que el que les separa de una violenta Irlanda decidida a apoyar la independencia de Irlanda del Norte. Una Inglaterra de terrorismo, comunistas y veteranos muertos en vida.

Annabelle Wallis es Grace, en Peaky Blinders y se pasa por aquí a ver si os animáis a comentar.

Annabelle Wallis es Grace en Peaky Blinders y se pasa por aquí a ver si os animáis a comentar.

Es esa sensación brutal, esa ambientación que inunda las tramas, el nacimiento del incipiente feminismo, el “socialismo real”, el Ejercito de Liberación Irlandés,… todo esto pasa por encima de la trama de Thomas Shelby y nos proporciona una gran serie por encima del personaje memorable de turno. Que el elenco de Peaky Blinders está muy bien, que la historia principal está llena de tensión y momentos brillantes, pero es esa Inglaterra destrozada la que hace de la serie una experiencia distinta y tan recomendable. Y encima está hecha con un mimo y la precisión de un jodido reloj. Solo 6 horas, queridos lectores. Están tardando.

Otras 6 horas, y no más, es lo que me ha llevado revisitar Black Mirror, la serie distópica británica que pone al día muchas de las cuestiones de ciencia ficción que el cyberpunk y sus derivados han dejado un poco de lado. No es que Black Mirror no pueda tener sus sociedades opresivas, sus malvadas corporaciones o sus tipejos de aspecto ridículo. Pero Black Mirror al final plantea un gran dilema y nos enfrenta a él con toda su furia: cómo hemos cambiado, y cómo vamos a cambiar por la tecnología. Y en esta versión modernizada vuelven los referentes del género en toda su plenitud. Desde sociedades de vigilancia y placer como Orwell o Huxley imaginaron hasta kafkianos sistemas políticos dignos de P.K.Dick, pasando por robots y tecnologías más propias de un buen relato de Asimov.

Como Black Mirror no tiene guapa recurrente, un cerdo.

Como Black Mirror no tiene guapa recurrente, un cerdo.

Pero todos estos escenarios son mostrados bajo una nueva luz, la luz de la tecnología actual, de Internet, de las videocámaras, de los millones de pantallas que miramos cada día de nuestras vidas, esos espejos negros que nos entregan un esperpento. No pretende jugar con el “esto podría pasar”, tampoco con el “esto es muy acertado científicamente”. Busca la esencia de la verdadera ciencia-ficción, perseguir nuestros propios demonios mirando a través de futuros deformados por la ficción. El sabor amargo, la negrura de Black Mirror es tan descarnada, tan cínica y contundente, que parece casi imposible que una serie como esta exista en la puritana televisión actual. Por supuesto, han tenido que hacerla putos ingleses. Muy recomendada también, diga lo que diga BOINES.

Pero si hablamos de miradas a lo más oscuro de nuestra sociedad (que bien voy hilando este post, ¿eh?) también podemos hablar de House of Cards. Me costó mucho animarme con House of Cards porque, esta sí, requiere horas. Muchas. Dos temporadas bien cargadas de capítulos de una hora cada uno. Toma ya. Pero el amigo que me había recomendado Peaky Blinders insistió y al final me animé a verla, y no puedo dejar de agradecérselo. Menuda maravilla, señores, menuda maravilla es House of Cards.

Todos los pecados de la serie se perdonan por lo que antes he citado duramente, ” el personaje memorable de turno”. Pero es que cuando Kevin Spacey hace el papelón de su vida con un guión a la altura y que le viene, hay que decirlo, como anillo al dedo, es imposible no aplaudir. Frank Underwood es congresista en los Estados Unidos de América. La serie nos lanza a través de una carrera por el poder en la que la ética y los escrúpulos están prohibidos. Frank es un psicópata de libro, brillante, maligno, frío y calculador. No es un chiflado con una motosierra, es un maldito genio del mal dispuesto a todo, sea cual sea el precio, con tal de conseguir lo que se propone. Y lo que quiere es sencillo de entender: el poder.

Kate Mara interpreta aa la periodista Zoe Barnes, perpetuando el mito de que las estudiantes de periodismo están buenas.

Kate Mara interpreta en House of Cards a la periodista novata Zoe Barnes, perpetuando el mito de que las estudiantes de periodismo están buenas.

El poder por encima del dinero, el poder por encima del amor, de la amistad, la lealtad, dios o la decencia. El poder como meta última. Y por el camino, pequeñas molestias a las que hay que apartar, comprar o destruir. Sí, el punto flojo de House of Cards es que en ocasiones parece no ofrecer un contendiente a la altura de la maldad de Frank Underwood, y eso a veces deja un regusto a insatisfacción. Pero cuando la serie consigue crear el enfrentamiento, vaya si lo logra, y Kevin Spacey logra que estés deseando que ese hijo de puta sin principios ni moral aplaste todos los obstáculos que le impiden alcanzar sus objetivos. Una serie en la que te encontrarás apoyando sin filtro a un político tan malvado que hasta en Comunidad Valenciana tendrían reparos en darle la mayoría absoluta. Intensa, poderosa, impecable técnicamente. ¿Qué puedo decir? Que me da mucho miedo que sigan estirando la serie y acabe explotando… aunque no me podré resistir a morder la tercera temporada.

¡Y es que cuando algo se estira demasiado da mucho asco! Porque también me he puesto con Scrubs. Ya la había visto. Ya la había visto dos veces. Seguramente sea de mis series favoritas. Alguna vez hasta la he comparado con Community por sus trazas de absurdo y la intensidad de su drama humano. Otras veces he dicho que es el Scott Pilgrim televisivo. Vamos, que me encanta Scrubs, y me ha vuelto a encantar por tercera vez. El caso es que después de 8 temporadas que, digan lo que digan, no tienen precio, decidí darle un tiento a la novena temporada de Scrubs, que había evitado como la peste las dos veces anteriores. Y os cuento.

¡Esta imagen de Tara Reid antes de ponerse anorexica asquerosa está justificada! Sale como en 6 o 7 capítulos de Scrubs... en una serie de 8 temporadas.

¡La foto de Tara Reid antes de ponerse asquerosa está justificada! Sale como en 6 o 7 capítulos de Scrubs… en una serie de 8 temporadas.

La novena temporada de Scrubs NO ES SCRUBS. No lo es, así de simple. Es una especie de intento de hacer otra serie, o un spin-off muy raro. Manteniendo a algunos de los secundarios, entrega el testigo del protagonismo al grupito más anodino, odiable y molesto que podrías haber imaginado. Lo que en JD es divertido, incluso encantador, en Lucy es irritante, crispante e insoportable. Lo que en Turk era una personalidad ridículamente chulesca pero divertida, en Cole es la cosa más repugnante que has visto nunca. Y así con todo. Menudo asco de serie. Nada, absolutamente nada podría preparar al que sale de la octava temporada llorando para que hicieran este despropósito. Y mira que la octava intenta ceder más protagonismo a los secundarios, y algo te hueles… pero es que esos secundarios siguen siendo secundarios, o peor, desaparecen en la novena temporada. Por debajo del bajón de calidad de Los Simpson. Os lo juro, horrible.

Para compensar y dejarme un buen sabor de boca, he vuelto a Juego de Tronos, después de que la segunda temporada me dejase sin mucho entusiasmo y el arranque de la tercera me hiciera caer en un profundo letargo (curiosamente como los libros). Pero debo reconocer que cogí la cuarta con muchas ganas, y la he disfrutado como un niño. No es solo que contenga las mejores situaciones de Tormenta de Espadas, también es el momento álgido de Tyrion Lannister, el personaje favorito de la audiencia (en los libros aún puede haber debate). Peter Dinklage nos ofrece un trabajo actoral superior y todo va como la seda. Que gustazo de temporada, sin lugar a dudas, la mejor de las tres últimas. Y que pereza tengo ahora con Festín de cuervos. Uff… eso ya lo dejamos para otro día.

HODOR

HODOR

En fin, ¡y eso que no he hablado de Arrow, ni de Penny Dreadful ni de True Detective! Madre mía, un montón de series. Y para todos los gustos. Y casi todo bueno. No, si encima habrá quejas. Otro día más. ¿Skyfall o ciencia ficción? Las ganas que tenga de escribir y programar artículos decidirán.

comentarios
  1. […] Contra la televisión […]

  2. tako dice:

    Fósforo es de esos “valientes” que se atrevieron a ver la novena temporada de scrubs cuando sus amigos le dijeron que no lo hiciera. Me quito el sombrero.

  3. Racertop dice:

    ¡Que bien que vuelves a actualizar el blog, Fosforo! La verdad es que me gusta tu forma de plasmar el odia en palabras, además que gracias a ti descubrí el mundo de los webcomics.
    De series no se mucho no soy muy aficionado al entrenimiento audiovisual, mas allá de unas pocas cosas.