Derechos como Autor

Publicado: noviembre 14, 2013 de Nubis en Internet, Libros y comics, Opinión, Webcomics

La vida mismaSuceso ocurrido a Fedde Carroza (Runnimen). Dibujante de La Legión del Espacio.

Tema que cualquier autor que lleve cierto tiempo se precia de hablar. Tarde o temprano se debate: el derecho a cobrar encargos y/o comisiones.

Con el Internet de hoy día tenemos la facilidad de ofrecer un producto a más velocidad y mayor rango de interesados o potenciales clientes. Hay una comunidad para cada ámbito artístico, donde el dibujo puede que sea el rey con páginas como Deviantart. La operación es fácil, tú ofreces tus servicios varios y un ser humano de igual condición se acerca con billetes digitales en mano clamando alguna de tus obras para su colección personal. El trato suele ser secreto en un principio, desvelándose al final si el cliente decide que el dibujo se publique en la página del autor o no. Muchas veces el dibujo se queda oculto debido a su naturaleza… subidilla, donde igualmente el trato es satisfactorio por ambas partes. Uno por dibujar tetas, el otro por obtenerlas (aunque sean de papel y/o digitales).

Aquí comienzan las discusiones, normalmente entre gente que no está metida en el mundillo, ¿se tiene derecho a ir cobrando por ahí a pesar de no ser técnicamente profesionales? Algunos dibujan como tales aunque no tengan trabajo ni titulación para demostrarlo, mientras que otros dibujan más reguleros (por falta de práctica y tiempo, lo sabemos) y sin embargo tienen su público y se ganan su dinero por poco que sea. La culpa no es del autor, y hay un dicho arcano que confirma la regla: “El Cliente Siempre Tiene la Razón”. Así que si quiere Futta, tendrá su ración de Futta…

Lo que muchas veces no se ve es el tiempo invertido hasta llegar ahí para considerarse como artista. Las horas que hay que echar para tener un estilo que caracterice, un dominio de las proporciones o el “mero” hecho de hacer un paisaje o fondo. El que pide no suele ver eso, y se siente en el derecho u obligación de exigir un Davinci como si eso fuera cosa de cinco minutos. “Si dibujas monigotes, ¿dónde está el trabajo ahí?” puede pensar el acusador, pero lo que no sabe que hasta dibujos en apariencia sencillos o de estilos más caricaturescos llevan detrás también sus horas de trabajo y perfeccionamiento, que también se rigen por las leyes del dibujo como las proporciones, colores o geometría, que hasta el dibujo más tonto come tiempo, y eso es lo más importante para una persona, y más si está regalando para que tengas una diminuta parte de su ser. Como ejemplos claros tenemos los libros, donde algunas novelas se tardan años con tal de que queden perfectas, para luego ser leídas en pocos días. Esto no se aprecia ni por asomo, y a la hora de valorar una obra no se suele ver ese tiempo invertido detrás, esa locura de detallar y perfeccionar por parte del escritor que se aplica. Después de todo es como la cocina (dedicado a Sheap), y te puedes tirar una hora cocinando para luego ver como devoran en cinco minutos todo ese trabajo, a veces sin un gracias o con un “¿no hay más?” que activa el tic nervioso del ojo. Lo suyo como autores es intentar que llegue al mayor número posible de público, para así comenzar a notar que merece la pena todo el trabajo invertido.

Éste tema es más conocido en el ámbito musical, donde los locales suelen contratar a los músicos como si fueran gente que se gana la vida con poco esfuerzo, que cobrarán sólo en cerveza porque lo suyo es llegar, tocar e irse. Claro queda, ese señor que contrata no ve las horas de ensayo que hay detrás, el coste de todo el equipo, el montaje y desmontaje de dicho equipo y, principalmente, la molestia y tiempo de ir y venir, de quedarse el tiempo que haga falta para cumplir con la función. Todo eso no se suele ver, y me temo que aún costará de hacerse ver, y más como presenta el país el tema cultural. Mientras que otros países de Europa aprecian hasta la última molécula artística, aquí está de lado al igual que le pasa a la ciencia, pues no da el dinero que los políticos desean a cada minuto de su vida. En otros lugares son conscientes del potencial del arte y la cultura, de su importancia para educar a la sociedad, de mejorarla y completarlas como personas, de la motivación y liberación que brinda… incluso hay científicos que se inspiran gracias al arte, demostrando desde hace tiempo que la ciencia y el arte no tienen porque ser incompatibles (Julio Verne, Asimov y Einstein como rápidos ejemplos). Pero, aunque hayan habido infinidad de impactos culturales (en ocasiones hasta mundiales), parece ser que lo mejor es ignorar, cortar subvenciones y mirar hacia otro lado… por eso mismo hay tanto artista pidiendo y alegrando las calles o, como en el caso que nos acontece, vendiendo su trabajo por la red de redes.

Volviendo al tema, hay también casos sangrantes por parte del autor que vende, por supuesto, como uno que no olvidaré en mi vida de una tienda de fotografía que ofrecía “una caricatura de tu foto” por 80 euros… entonces mirabas las muestras y te dabas cuenta que habían aplicado un efecto de Photoshop que cualquiera puede hacer en su casa en cinco minutos sabiendo un mínimo. Tema relacionado son los papeles en las paredes con números de teléfono de supuestos informáticos que por 20 euros te formatean el ordenador… Al igual que hay clientes inconscientes o demasiado exigentes, hay vendedores sin escrúpulos, donde son conscientes de que el cliente no siempre va a saber y entonces hay que aprovecharse de eso. Por suerte el número es cada vez menor, pero de mientras lo suyo es aprovechar todo lo posible, porque ya que estafan en las altas esferas, las pequeñas no iban a ser menos.

Del porqué un autor tiene que mendigar o hacer comisiones para sobrevivir es por la clara cantidad de artistas que hay. Pero hay mucha más cantidad de clientes potenciales, por lo que la repartición no tendría porque ser injusta, y más cuando cada uno tiene un tipo de gusto y siempre habrán autores únicos que se dediquen a esa clase de satisfacción (no tenemos porque pensar en cosas guarras, nos podemos estar refiriendo a estilo barroco, paisajes, animales… ¿no? ¿No…? Vale, no). Pero entre este reparto de bienes y derechos también hay injusticias, y cosas en apariencia banales como el apellido o ser sobrino de un tipo con influencias, logra que la balanza cambie radicalmente. Un artista puede ser lo talentoso que sea, puede ser la reencarnación del Renacimiento en persona, pero si no se apellida “Mariscal”, se va a tener que comer los mocos para cenar casi todos los días que le queden, a menos que de repente se aprecie como se merece y pueda ganarse el honor, cosa que no suele suceder, o al menos no tanto como debería. Ya se ve, si tu abuelo hizo la mili con un magnate de los automóviles, ten por seguro que podrás trabajar en la oficina de su fábrica sin estudio alguno, con contrato y cobrando bien. Al menos en el tema de vender el trabajo por Internet no está tan injusta la cosa, porque los visitantes son los interesados y tienen la última palabra en cuanto qué les parece de su agrado y qué no, teniendo todo autor que currárselo para poder llamar un mínimo la atención. “A ojos de la Red todos somos iguales” podría ser un buen dicho cibernetero.

Hay otro tipo de artistas que más o menos sufren el mismo destino como son los músicos esporádicos de televisión. El caso de Operación Triunfo es el más conocido, por ser el primero de programas de este estilo en nuestro país, y de esos sitios surgen artistas de usar y tirar, donde su suerte se acaba tarde o temprano según el capricho de la empresa (salvo contadas excepciones, claro). Aquí no se puede considerar una rabia como la de tener familia pero tampoco un mérito como el ganarse el pan vendiendo tu arte por doquier, simplemente se puede tomar como una carrera de la que sacar todo lo que se pueda hasta que gane la tortuga. De todas formas, imagino que los Triunfitos desconocidos tendrán hoy en día su lugar entre orquestas profesionales donde poder cantar hasta jubilarse, o morir ahogados en su propio vomito (pero sin ser recordados).

En resumen, el cliente es el que tiene la última palabra, y por mucho que un autor pueda llegar o no a la altura, no es culpa suya, si no de las expectativas de quien requiere los servicios. Hay de todo, claro, como clientes obcecados que pagan comisiones por un precio del que podrían obtener algo mejor (o incluso más barato) si simplemente se preocuparan en buscar. Internet es demasiado grande e infinito, y es tontería quedarse en un pequeño lugar por muy cómodo que sea.

Luego hay autores que son estafadores, pero por suerte se les suele ver el plumero enseguida. Aun así se suele caer en la trampa, pero eso ya es asunto del cliente que pagara 80 pavazos por su cabeza deformada y sonriente. Ahora en serio, alguien habrá comprado eso…

comentarios
  1. Chuck Draug dice:

    Hay muchas cosas que hablar sobre el tema de los encargos en Internet. Fíjate, hace tiempo, por Tumblr estuvo rondando un post en el que se decía que la gente no debía poenr precios bajos a sus encargos, sea el nivel que sea.

    Uno tiene que preguntarse “¿qué valor monetario tiene mi nivel de dibujo?”. Yo es algo que alguna vez que he tenido la idea de plantearme realmente hacer encargos me he preguntado. También me he preguntado si tenía el nivel necesario para aceptar encargos. Porque el nivel artístico de cada cual es un problema (igual que el tiempo que dispones y cómo organizártelo).

    Como dices, hay horas invertidas detrás de cualquier estilo. No todo el mundo coge un pincel y le sale un dibujo de la hostia a la primera. Muchos, por no decir la gran mayoría, tienen que empezar poco a poco. Desde lo más bajo y, con la práctica, mejorar. Siete años de practicar se notan, pero ¿es suficiente? Yo creo que no. Pero si uno sigue esforzándose, llegará a más… ahora bien… ¿cuál será el nivel que ya considere adecuado para aceptar encargos, por ejemplo? Ya ahí ¿es decisión del autor o confía también en algún criterio externo, normalmente de gente más ducha en estos temas?

    Aun así, una cosa que veo en los encargos es que de por sí pueden ser un desafío interesante, y ayudan a seguir mejorando.

    Bien, pues al nivel artístico le añades la competencia, porque al final… bueno, aunque hay distintos niveles y la gente acepta distintos tipos de encargos, debes ofrecer algo nuevo o fresco o, al menos, intentar llamar la atención de posibles clientes. Porque ellos tendrán sus expectativas de por sí, pero tú también debes saber venderte. Decir qué haces o dar unos precios atractivos, por ejemplo.

    Pero ¿sabes qué va a pasar al final? Que cada uno valorará sus dibujos y, por tanto, los encargos como le salga. Unos serán justos, otros se pasarán de humildes, luego habrá también caraduras de todo tipo…

    Sobre si en Internet somos todos iguales… No sabría qué decirte, porque igual conoces a alguien y ese alguien conoce a alguien… y claro, si un pro, por así decirlo, habla bien de ti, quieras o no influirá, por mucho que tu nivel sea muy inferior al suyo. Ya si eso es enchufe o publicidad, es cosa de cada cual, pero influir, influye.

  2. Se escribe “futa”, joder!

  3. […] El último post de Nubis en Crisis Creativa me ha hecho recordar una cosa que hablé hace un tiempo en mi Tumblr (el personal, el portfolio es otro y DEBERÍAIS verlo)… Y creo que es de esas cosas que conviene ponerlas también en este blog, ampliándolas por aquí y por allá, y marcarse un tocho como los cánones draugísticos mandan. […]

  4. by Atx dice:

    Leñe, y yo no leí esto (soy un desastre últimamente)… xD

    Pues francamente, es un buen tema para analizar, son muchos los que se lanzan a las comisiones (ejem, “encargos”) porque es una manera de ganarse un dinerillo…y a la vez, se topan con que, como dices, hay bastante competencia (los precios demasiado bajos no ayudan) y que parece que tienes que estar preparado para todo. Incluso en un simple salón de cómic no te libras de gente que tiene peticiones curiosas, así que… xD

    Y luego está el otro tope: el de saber cuanto pedir (al cobrar). Y en eso pueden entrar factores como el tiempo que te va a llevar. Y ni siquiera los propios dibujantes lo sabemos, así que a veces toca lidiar con todo (tiempos, clientes, tu propia máquina y tener tiempo para ti también) para que no se acumulen, porque a veces es tentador el querer llevar varios encargos a la vez. Muerte asegurada como no calcules bien. ¡Y no hablemos de atrasos y demás!

    ¿Que no se valora el esfuerzo que se pone en ello? Es ya muy sabido, sobre todo en un país como este y que encima afecta a todas las artes (y también a las ciencias). El cliente rara vez valorará el esfuerzo que lleva un buen trabajo a menos que sepa cómo funciona o lo que realmente quiere. Y voy a incluír otra variable: “¿Para qué voy a pagar, teniendo gente que te lo hace gratis? ¡Y le pago con promoción! :D”. Internet es precisamente el sitio ideal para promocionarse como artista porque llegas a todo el mundo, y francamente… aunque sea una vía más para ayudarte, los trabajos a cambio de promoción también cuestan. Y la promoción, salvo que te haga llegar más clientes (y clientes dispuestos a pagar o contratar), no se puede comer ni paga facturas.

    También es cosa del propio autor, decidir qué decide aceptar o no cuando se mete en las comisiones/encargos. Y francamente, yo prefiero un pequeño número de clientes que paguen (y lo hagan valorando lo que hago) a que lleguen muchos porque les parece bonito lo que haga pero pretendan que vaya de gratis o a precio de risa y exigiendo (el eterno “¡No te cuesta nada!”). Me limitaré mucho, pero es mi manera de asegurarme que el esfuerzo habrá valido la pena y el cliente quede verdaderamente satisfecho.