«And don’t it make you feel so sad

Don’t the blood rush to your feet

To think that everything you do today

Tomorrow is obsolete

Technology and women

And little children too

Don’t it make you feel blue

Don’t it make you feel blue»

More News from Nowhere, Nick Cave & the Bad Seeds

 

 

Como ya sabrán, hará cosa de dos semanas que se estrenó en Cuatro Black Mirror, una aclamada miniserie británica. Y digo «mini» porque son tres episodios en vez de los típicos seis. Vaya con los británicos, qué vagos que son.

El caso es que, viniendo de las zarpas de Charlie Brooker, artífice de la muy recomendable Dead Set (¡una invasión zombi en Gran Hermano!), pues me dispuse raudo a verla. Ya, bueno. Tan raudo no fui, porque como ya les he dicho, me esperé a que la emitiesen en Cuatro, pero EH.

Les dejo aquí la cabecera, que siempre queda bien para empezar un artículo, y no es plan de desafiar las convenciones estilísticas. 

 

Los GENIOS! de Cuatro decidieron emitir los tres episodios que forman Black Mirror del tirón, hale, ahí, PETÁNDOLO. ¿Fue para que los espectadores no se perdieran en la trama? Pues no, porque cada episodio es autoconclusivo y tiene una temática distinta. Y no acabaron ahí las maravillas, sino que también alteraron el orden de los episodios y emitieron el segundo capítulo en último lugar… algo comprensible, porque era tan soporífero que hubiera espantado al espectador más pintado, pero no adelantemos acontecimientos.

Black Mirror fue aclamada, hypeada y encumbrada hasta la saciedad. Que si era una de las mejores series de nuestro tiempo, que si era una joya, que si «canela fina, oye, mejor que Los hombres de Paco, incluso»… y al final, adivinen. Va, díganlo en voz alta conmigo, griten esta odiosa coletilla: tampoco era para tanto.

El problema de Black Mirror es su previsibilidad y lo facilón de dos de sus tres episodios. Hagamos un desglose:

El himno nacional: El primer y mejor episodio de todos, con diferencia. Alguien secuestra a la princesa Susannah (que sí, coñe, que lo escriben así) y, como condición para liberarla, exige que el Primer Ministro se zumbe a un gorrino en vivo y en directo. Casi peor que ver Sálvame, oigan.

Con este episodio ninguna pega, oigan. Un ritmo sólido, buenas interpretaciones, escenas que atrapan al espectador y un final muy ingenioso. Todo BIEN. Circulen.

Peor hubiera sido que le exigiesen escuchar las canciones de Yellow Mellow.

  

Quince millones de méritos: El segundo capítulo que emitieron en tercer lugar, y ya les digo, con razón. La trama nos sitúa en un futuro cercano en el que los ciudadanos tienen que pedalear incesantemente para generar electricidad y, a la vez, ganar «méritos» (los puntos de toda la vida) que gastar en personalizar sus avatares virtuales. Además, están bombardeados constantemente por publicidad. ¿Sutileza? ¿Qué es eso?

La única manera que tienen de salir de ese ambiente es presentarse a Hot Shots, un programa totalmente libre de Charlie Sheen que es más bien una especie de Factor X, Risto Mejide incluido. No, en serio, miren.

Rupert Everett, ni más ni menos. ¡NI MÁS NI MENOS, LES DIGO!

  

Total, que chico conoce a chica, se enamora, decide pagarle la entrada al concurso y, ¿adivinan qué? ¡Sí, la chica se convierte en una más del sistema pese a haber «ascendido»! Entonces, el gachó, decidido a poner los puntos sobre las íes, se presenta también al concurso y, amenazando con cortarse el cuello si no le escuchan, pone A PARIR al sistema. ¿Adivinan qué? ¡Sí, al chico le dan un programa para que raje (¡rajar! ¡Porque amenaza con cortarse el cuello! ¡HUMOR!) sobre el sistema y se convierte en uno más! ¡Sencillamente está encerrado en una celda más grande! ¡Inesperado! ¡Sutil! ¡Imprevisible!

No solo el capítulo es lento, aburrido y poco original, sino que además la pareja protagonista hace méritos (que no pare el festival del humor) para que les partan la cara varias veces. Si ella peca de sosa, él es un dechado de hostiabilidad. Ah, y para que se note que es nigger ginger de color, baila. Era eso o ponerle a jugar al baloncesto, imagino.

Pie de foto ingenioso.

  

Tu historia completa: ¿Alguna vez han deseado poder demostrarle EMPÍRICAMENTE a su pareja que usted tenía razón, y no esa malnacida zorra estúpida y desgraciada a la que usted llama «cari»? ¡Si viviera en este episodio, podría! Y es que los personajes de Tu historia completa tienen implantado un dispositivo que almacena todo lo que ven y oyen para poder reproducirlo luego cómodamente.

¿Cuál es el problema? Pues que el protagonista conoce a un amigo de su novia con el que ella parece tener bastante buen rollo, y se obsesiona, hasta llegar a descubrir que era una antigua pareja de su media naranja. No solo eso, sino que además se lo zumbó again recientemente, una vez que Prota McGonista estuvo fuera cinco días. ¡Cinco días! ¡Todas putas!

No acaba ahí la cosa, porque resulta que el exnovio de su señora había confesado que se zurre la sardina, se afila el sable, estrangula al gusano, vamos, que se la pela como un mono, viendo cómo se chuscaba a sus antiguas parejas. Y claro, nuestro afable protagonista IS NOT AMUSED y va a curtirle el lomo.

O está revisitando momentos pasados, o es capaz de controlar el clima.

 

Una vez saltadas las muelas, fuerza a su novia a que le enseñe los momentos que compartió con su ex, se pelean, blablablá. Predecible. Predecible desde el minuto uno, lo mismo que Quince millones de méritos. ¿Y qué pasa con una historia que dura cuarenta minutos cuyo desarrollo conocemos desde el principio? Pues que aburre. Aburre y mucho. No es que esté MAL, pero resulta tediosa de ver.

En resumen: El himno nacional BIEN, Tu historia completa MEH, Quince millones de méritos MAL. Ya se ha confirmado la segunda temporada de Black Mirror y no cabe duda de que la veré, pero espero sinceramente que se aleje más de la ciencia ficción mierder de patio de colegio y nos dé algo más parecido al primer episodio (el único guionizado únicamente por Charlie Brooker), ¡porque de lo contrario…! ¡Euh…! ¡No sé, escribiré un artículo airado! ¡Así aprenderán esos británicos a decepcionarme! ¡Ja! ¡Menudo chasco se van a llevar!

comentarios
  1. Carlos dice:

    A mí es que, además, el primer y el segundo capítulo me parecen de un rajoyismo insoportable. «Es que no tenemos opción, tenemos que hacer lo que tenemos que hacer, así es la vida, qué le vamos a hacer. No podemos elegir, solo tomar pastillas para hacerlo más llevadero, o escalar un poquito socialmente». Será que estoy cansado de distopías. Coño, será que estoy cansado de la realidad O_O

  2. Kalitro dice:

    Coincido en que el primero es el mejor. Cafre, cafre y más inesperado.

    El segundo ciertamente peca de poco sutil, pero tiene algunos detalles que me parecen estupendos (que se pueda comprar el trozo de cristal para los avatares, un poner).

    El tercero sí me aburrió un poco más, aunque la idea es curiosona.

  3. Hardita dice:

    Pues el tercer episodio no me pareció TAN malo. De hecho me gustó bastante; vale que no es tan bueno como el primero, pero no me aburrió en ningún momento. En todo caso, globalmente es muy original y una serie que da gusto ver incluso su episodio más normalucho.

  4. El primero también tiene fallos, solo hay que buscarlos. Ese dedo está un poco arrugado, regordete y peludo para ser de princesita. Yo no me di cuenta, me lo tuvieron que señalar, que conste.

    El segundo igual es burdo, pero me encantó que los avances tecnológicos (anuncios, compras dentro de juego, pilas humanas) ya estén en parte entre nosotros, aunque no nos hayamos dado cuenta. Ya sabe, rollo William Gibson: “The future is already here — it’s just not very evenly distributed”. La temática del tercero no me llamó demasiado, sinceramente.

  5. Chuck Draug dice:

    El primero es BIEN. No es perfecto, eso está claro, pero me pareció muy interesante por cómo presenta la influencia de las redes sociales, el morbo… si pudiera aplicarse a la práctica. Porque está claro que cosas así no van a pasar en la realidad, aunque oye, que secuestren a Belén Esteban (porque si secuestramos a una Infanta se la va a sudar a la gente) y que solo la liberen si Rajoy se tira a un cerdo, como que no sería mala idea… claro que luego la Esteban no la devuelvan igualmente hasta que toda la clase política haya intimado con el gorrino.
    Pero bueno, se entiende lo que quiero decir, ¿no? Es un episodio que tiene una premisa sencilla como “la presión del pueblo a través de los medios puede que incluso el poderoso al final tenga que ceder, y el morbo puede acabar con más de uno”.

    El segundo y el tercero comparten una misma cosa: son predecibles. Pero mientras que en el tercero es predecible cuando llegas a cierto momento del mismo, el segundo lo es desde el principio.

    La idea en ambos es buena. Una distopía donde todos deben acumular puntos para vivir y que solo pueden triunfar yendo a un Factor X, y un invento que te permite recordar TODO lo que vives son muy interesantes como puntos de partida.

    El problema del segundo episodio es que va muy falto de ambición y acaba siendo anodino. Lo ves y puedes adivinar qué va a ocurrir luego. Y el final se suponía que debía ser un giro en plan “protestas, sí, pero ahora eres parte del sistema y lo aceptas igualmente”, pero ya digo: predecible. En todos los sentidos.

    Al tercero le pasa eso, pero a una escala menos exagerada cuando llegamos al momento en que empieza a sospechar del tipo que su mujer conoció en un viaje, y cómo va luego sacando todas las verdades hasta que la paranoia le puede. Los pequeños detalles no son tan predecibles, pero que al final el protagonista se volviera tarumba y el inventito destrozara su vida, por decir algo, se hacen muy evidentes.

    ¿Es una buena mini-serie? Yo la recomiendo para, al menos, forjarse una opinión. Ofrece temas interesantes, aunque no son de esos de crear escuela, sentar cátedra o, simplemente, llevar a debate, no más del primer episodio sobre morbos, redes y demás.

    Eso sí: prefiero Dead Set, aunque no sea la misma temática.

  6. spikereven dice:

    Buuuuuu, mal, fuera! xD
    A mi la serie me gustó mucho. El primero me pareció impactante; el segundo me descolocó un poco al ver que no tenía nada que ver con el anterior, pero aún así me gustó la reflexión sobre los medios; y el tercero me pareció una buena historia de ciencia ficción con el recurso de la memoria visual muy bien utilizado.
    Más allá de si las historias son predecibles o no, creo que lo importante e interesante de los capítulos es el análisis/crítica que se hace de los medios de comunicación, hacia dónde van encaminados y sobre todo el uso o abuso que se hace de ellos.
    Para mi, sin lugar a dudas, de lo mejor de esta última temporada televisiva que está concluyendo.

  7. […] #3: Se habla sobre una obra actual, pero que tiene un par de semanas. Por ejemplo, Black Mirror. La mayoría de ustedes conocen lo que analizamos, pero ya lo vieron en su momento por internet y […]

  8. […] Pero todos estos escenarios son mostrados bajo una nueva luz, la luz de la tecnología actual, de Internet, de las videocámaras, de los millones de pantallas que miramos cada día de nuestras vidas, esos espejos negros que nos entregan un esperpento. No pretende jugar con el “esto podría pasar”, tampoco con el “esto es muy acertado científicamente”. Busca la esencia de la verdadera ciencia-ficción, perseguir nuestros propios demonios mirando a través de futuros deformados por la ficción. El sabor amargo, la negrura de Black Mirror es tan descarnada, tan cínica y contundente, que parece casi imposible que una serie como esta exista en la puritana televisión actual. Por supuesto, han tenido que hacerla putos ingleses. Muy recomendada también, diga lo que diga BOINES. […]