Carl Barks, un post sobre patos

Publicado: julio 10, 2012 de Fosforo en Libros y comics
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Superlayo es de esa gente que lleva desde no-me-acuerdo dando animos por Twitter cuando yo despotricaba con alguna cosa, y eso ya se sabe que es el 50% de lo que hace andar un blog. Hoy se anima con el otro 50%, eso de escribir, y nos regala un post…sobre patos. Y cómics.

Cuando se le pregunta a la gente sobre los grandes próceres del cómic norteamericano, lo más probable es que surjan nombres como Lee, Kirby, Ditko, Kane, Siegel o Shuster, por citar algunos pilares del género superheroico. Puede que alguien más puesto en el tema saque a colación a Eisner, maestro entre maestros. Pero hoy vengo aquí a hablaros de otro genio y su legado, una persona que el mismísimo Will Eisner calificó en su día como “el Hans Christian Andersen de los cómics”. Me refiero, claro está, a Carl Barks.

Carl Barks, dibujante de patos.

¿Quién es Carl Barks?, se preguntarán algunos. Carl Barks es el hombre que cogió uno de los personajes más queridos de Disney (el pato Donald) y con algunas herencias de su versión animada (sus sobrinos Jorgito, Juanito y Jaimito) creó él sólo un universo de ficción a su alrededor, con personajes que aún hoy día continúan produciendo nuevas aventuras, e historietas que siguen reeditándose por todo el mundo. ¿Exagero?

Carl Barks es el creador del tío Gilito, de los Golfos Apandadores, de Ungenio Tarconi, de la Abuela Pato, de Narciso Bello, de Mágica y de tantos otros personajes, que cualquiera pensaría que fueron surgiendo de la mente de muchos. Guionizó, dibujó y en la mayoría de las ocasiones ambas cosas, más de 700 historias de patos de muy distinta extensión (historias de 10, 22 páginas, en ocasiones páginas unitarias o tiras de periódico), cientos (no me atrevo a afirmar que miles, pero es más que probable) de páginas de sus personajes más queridos.

Retrato familiar de los patos.

¿Qué significa esto? Que la obra de Barks ha influenciado las mentes infantiles durante décadas; los mismísimos George Lucas y Steven Spielberg han admitido que la escena inicial de En busca del Arca Perdida (con la clásica trampa de la gigantesca piedra rodante) está directamente inspirada en una aventura barksiana, Las siete ciudades de Cibola, en donde tenía lugar una de las clásicas búsquedas de tesoros de Gilito McPato.

Ídolo que al moverse provoca una catástrofe. Classic cool.

Pero sus historietas de patos también eran, por su trasfondo, un reflejo de la sociedad de su época. En este sentido (con un fuerte sentido crítico) Dorfman y Mattelart analizaron su obra en los 70 desde el libro Para leer al Pato Donald: comunicación de masas y colonialismo, interpretando a sus historias de patos como vías de transmisión de distintas líneas del pensamiento imperialista yanqui.

El propio Barks, que tendía más a la comedia de situación cuando situaba sus aventuras en Patoburgo, consideraba esta acusación infundada, como así declaró en distintas entrevistas. Él veía únicamente al tío Gilito como un hombre hecho a sí mismo, antes que como un capitalista amoral. Tampoco consideraba como oprimido al personaje con el que más se sentía identificado, el Pato Donald.

En él, Barks daba imagen a un americano típico de su época, viviendo de trabajo en trabajo que en ocasiones sólo duraba apenas unos días (o una historieta; en esto, nada inventó Homer Simpson). Con Donald, Barks podía permitirse jugar con un personaje imperfecto; podía permitirse ser irritable, vengativo, podía fracasar y aprender de sus errores… Podía ser más real que el símbolo de la compañía, Mickey, quien debía presentarse como cuasiperfecto.

Cuando decidía embarcar a sus patos en aventuras a lo largo y ancho del mundo Barks tenía la costumbre de informarse acerca de los lugares o mitos que podían recorrer, generalmente inspirándose en reportajes de la revista National Geographic, tanto antes como después de la aparición del tío Gilito en 1947, si bien es cierto que el pato más rico del mundo acaparó la mayoría de sus aventuras extramuros, especialmente después de la publicación de su propia revista, Uncle Scrooge, en 1952.

Sólo un pobre viejo, una historia definitoria del tío Gilito, estrenó su propia colección.

Cuando se alejaban de Patoburgo, Barks podía llevar a sus patos tanto a todo tipo de enclaves ficticios: un valle con gallinas cuadradas que ponían huevos cuadrados (como olvidar Andes donde andes, no andes por los Andes; Lost in the Andes en el original, tal vez inspirador de Los cabecicubos de Jan), Tralla La (remedo de la Shangri La de los Horizontes perdidos de Hilton), un mundo prehistórico perdido similar al de Conan Doyle, todo un mundo subterráneo… A buscar todo tipo de tesoros o aventuras.

Su influencia ha superado ampliamente las fronteras de su país natal; en general, su fama y el aprecio a su obra ha sido mucho mayor en el viejo continente. En Europa, sus historietas han sido reeditadas tan a menudo, que gran parte de sus personajes (especialmente el tío Gilito, los Golfos Apandadores y Ungenio Tarconi) han sido adoptados y reinterpretados en miles de nuevas historietas (especialmente destacable es la querencia de autores italianos por el personaje de John F. Rockerpato, que Barks creó, pero que utilizó tan sólo en una ocasión).

Y aunque en muchos países europeos, la herencia barksiana aún perdura (en España, nuestros padres y tíos mamaron directamente de América a través de Dumbos, o mediante el prisma italiano de los Don Mikis), enraizándose en algunas zonas como una auténtica seña cultural (en Finlandia, no es extraño encontrarse en una casa alguna revista suya, haya en ella niños o no), para toda una generación (entre la que me incluyo) se marcó un hito con la serie de animación Patoaventuras (Ducktalesen el original).

Si no les suena la melodía en la cabeza, no rondan mi edad.

Aunque edulcoraba en cierta forma el espíritu del tío Gilito de Barks (en contraste con las visiones italianas, que le hacían más oscuro, marrullero y amoral, quizás más cercano a la visión que analizaban Mattelart y Dorfman), lo que es indudable es que la serie Patoaventuras bebía directamente de las historias de Barks, en ocasiones de forma calcada a las originales (sustituyendo, eso sí, la extraña ausencia del Pato Donald por la de otros personajes), siendo un referente directo del autor que nos ocupa.

Habría mucho más que decir sobre Barks. Sobre su difícil y larga vida (murió a los 99 años), sobre su tardía vocación por los oleos (tras dibujarlos durante décadas, después pintó en lienzo a sus queridos patos), sobre su largo anonimato (y sin embargo reconocimiento de su trabajo por parte de sus lectores), sobre su relación con Walt Disney y la corporación que le sobrevivió. Quizás para todo esto sería mejor remitiros a la recopilación de entrevistas del libro (muy recomendable si os interesa el tema) Carl Barks: Conversations.

Los oleos de Barks, apreciadísimos objetos de coleccionista.

Para finalizar, decir que el legado de Barks sería adoptado, homenajeado y francamente (en mi modesta opinión) mejorado de la pluma e ingenio de Don Rosa, un auténtico enciclopedista de la obra de Barks y al que puede que algunos conozcáis por la magistral maxiserie conocida como The Life and Times of Scrooge McDuck (publicado en España bajo el nombre de La juventud del tío Gilito). Pero, como suele decirse, esa es otra historia, y deberá ser contada en otra ocasión.

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comentarios
  1. Carlos dice:

    De pequeño adoraba al Pato Donald y a todo el universo de patos que tenía alrededor. Rayos, aún lo adoro. No sé si aprendí a leer con los Don Mikis, pero casi casi 🙂

    ¡Muchas gracias por este artículo! Como todo lo bueno, se me ha hecho corto, pero ya ha dejado pistas para seguir leyendo… y me han sorprendido (para bien y entre otras cosas) los óleos del señor Barks. Qué artistazo y qué poco se habla de él.

    • Superlayo dice:

      Escribir este post ha sido un verdadero placer, así que gracias ninguna. No he querido hacer mención explícita a muchas historias porque empiezo y no paro; de todas formas, si quiere que le recomiende algunas en concreto, aquí me tiene.

  2. Gancho dice:

    Yo tengo por ahí un tomo de “La juventud del tío Gilito”. Me ENCANTABA esa cosa. Anda que no me lo habré leído veces.

    • Superlayo dice:

      El mío fue un regalo de Reyes de hace la tira de años y lo mismo; es una gozada leerlo. Y cuando tuve la oportunidad de ir a Estados Unidos, me compré la edición americana (con más páginas, extras, recoloreado y la del demonio) sin dudarlo, vamos.

  3. mariods86 dice:

    Para empezar, si no os habéis leído La Juventud del Tío Gilito, LEEDLO. Porque os estáis perdiendo una de las mejores obras maestras Disney.

    Carl Barks supo hacer suyo al personaje del pato Donald, y no solo eso, sino que le otorgó un carisma y un caracter nunca antes visto. Bien es verdad que los cómics y los dibujos animados toman dos vertientes muy distintas (salvo algún que otro episodio de Patoaventuras), pero sin lugar a dudas, el universo del pato Donald es tan rico, extenso e impresionante que deja en pañales a Mickey Mouse. Los mejores cómics son sin lugar a dudas los protagonizados por patos, y gran parte de la obra de Carl Barks es sublime. Esas aventuras trepidantes y apasionantes que Donald protagonizaba junto a sus sobrinos y su tío, sin abandonar nunca esa faceta de héroe imperfecto, que se hacía preguntas del rollo “¿por qué me pasa esto a mí? ¿por qué el puto Narciso se acaba quedando con la mejor parte? ¿por qué me odia tanto mi tío?” convirtieron a Donald en un personaje mucho más interesante y entrañable, y no solo eso, le enmarcaron en un universo de patos compuesto por personajes tan inolvidables como los creados por Don Rosa (Ungenio, Narciso, Mágica… personajes que no se han reutilizado nunca para los dibujos animados exceptuando la ya nombrada Patoaventuras) y que a día de hoy son part fundamental de los cómics publicados actualmente, tanto italianos como estadounidenses. Y qué decir del tío Gilito, por favor. EL PUTO TÍO GILITO.

    Gilito es sin lugar a dudas el mejor aporte que han dado los cómics de Carl Barks, su historia, su caracter que pasó de ser el arquetipo de millonario cascarrabias y arisco a un personaje entrañable con el que cualquiera podría empatizar; sin quererlo asentó las bases de lo que sería un personaje que daría tanto que hablar que su origen, motivaciones e ideales serían utilizados y desarrollados por miles de autores, tanto italianos como estadounidenses, tal vez de forma un tanto distinta, pero siempre obedeciendo a la máxima del personaje: es un tío que se hizo a sí mismo, fucker como él solo, con voluntad de hierro y mucha mala hostia, aunque con un corazón de oro. Y es más que curioso y fantástico el hecho de que Don Rosa se tomara un esfuerzo titánico en juntar todas esas partes que Don Rosa dejó en su historia para componer con ellas “La juventud…” amén de otras muchas historias míticas como aquella en que los Apandadores intentan entrar en su mente para robarle la combinación de la caja fuerte (de obligada lectura), y otras tantas (de obligada mención las historietas de los Tres Caballeros made in Don Rosa, que son absolutamente geniales). El tío Gilito es sin lugar a dudas un personaje más que interesante y con una profundidad que daría para más de una película Disney, y no serían de humor (de hecho ciertas acciones de Gilito vistas en película no estarían toleradas a menores).

    Bravo por el post y por arrojar luz a este autor. ^^

    • mariods86 dice:

      Comentar que aquí me equivoqué en la línea 10: donde digo “Don Rosa” sustituir por “Carl Barks”. Nada más. XD

    • Carlos dice:

      ¡Bravo por el post y bravo por tu comentario!

    • Superlayo dice:

      Toda la relación familiar que comentas nace con Barks se desarrolla mucho más explícitamente, claro está, con Barks. En “Huída del valle prohibido”, los sobrinos plantean pensando en voz alta una teoría de porqué el tío Gilito trata tan mal a Donald que tiene mucho sentido (y hay veces que le trata pero MUY mal, como muestra me acuerdo de como empieza la última aventura de Donald con los Tres Caballeros, y se pasa bastante…).

  4. Kalitro dice:

    Yo como muchos (creo) conocí a Barks a través de Rosa. Y tiene cada historia estupendísima. Humor blanco, aventuras, dibujo versátil… uno de los mejores cómics para todos los públicos.

  5. spikereven dice:

    Muy interesante el post y muy bien explicado. Es curioso haber crecido con estos personajes y no haberme parado a pensar quién estaba detrás de todo. Patoaventuras y el Quackshot de la Megadrive marcaron mi infancia, que aunque no sean suyos es obvio que son herencia directa de su trabajo.

    • Superlayo dice:

      Yo tengo la esperanza de que alguien en Disney se dé cuenta del potencial de todo este “universo pato” y se monten el equivalente videojueguil a Epic Mickey pero con Donald y compañía. Bien hecho, podría salir algo absolutamente genial.

  6. Carlos dice:

    ¡Muchas gracias por este artículo! Empecé a leer con los Don Mikis y adoraba al Pato Donald y a su universo… bueno, aún lo adoro. Me has hecho recordar cuánto lo adoraba y lo presente que sigue aún en mis propios trabajos. Además, es que no conocía al señor Barks como tal y he quedado fascinado por su capacidad… por no hablar de sus óleos, que me parecen fascinantes. Está al nivel de los más grandes.

    • Superlayo dice:

      Investigue por ahí lo de los óleos, porque hay algunos muy simpáticos, y que reflejan perfectamente la personalidad de los personajes, en una única imagen.

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  8. Chuck Draug dice:

    Puedo confirmar el legado y la marca que dejó Barks en países escandinavos. Y es que los tebeos que más vi en mi estancia Erasmus en Göteborg eran los equivalentes al Don Miki. Es increíble ver hasta qué punto ha levantado tanta pasión y ha dejado huella Carl Barks.

    A Barks le debemos el pato Donald que todos conocemos y queremos. Me gusta cómo describes lo que Barks logró: convertir a Donald en un personaje imperfecto, que se tropieza y tiene que aprender, aunque luego alguna lección de la vida se la salte.
    Pero sobre todo, y eso lo sabemos, creó el microverso de Patoburgo, él nos dio al tío Gilito, y a él le debemos buena parte de nuestra infancia, sobre todo si además de los cómics hemos visto Patoaventuras. Y sí, Patoaventuras era una versión light de las historias originales, con un tío Gilito menos obsesivo, pero tenía su esencia.

    Un gran artículo, sí señor.

  9. Pues yo entonces no lo sabía, pero este hombre es uno de los que me enseñaron a leer…

  10. Debo adquirir sus obras YA. Ojalá mis padres no hubieran tirado casi todos mis cómics de Disney.

  11. Neyebur dice:

    ¿Disney la casa del ratón? ¡Cuack, no!

  12. 13 dice:

    Estos cómics son un prodigio y el inicio de algo muy grande (la familia de los patos han dado paso a cómics e historias memorables), solo se puede aprender de Carl Barks, Una cerdada lo que hizo Planeta dejando a medias la edición integral que estaban sacando. 😦