Sins of Love, desprestigiando el feminismo

Publicado: diciembre 30, 2011 de Fosforo en Cine

Sins of Love, traducida aquí en España como “El riesgo de amar” (hay que ir desempolvando la etiqueta de los anormales que traducen) es una de las mayores mierdas que he podido consumir últimamente. Sé que lo digo mucho últimamente, pero no me moría de vergüenza ajena tanto desde que me bajé Mentiras y Gordas. Y es que como inocentada, ya vale, no es graciosa, y mucho menos cuando la ves el día 27 de Diciembre, un día antes, aún confiado con que no te la van a jugar poniéndote, por hacer la gracia, una peli equivocada en el cine.

Vale, eso sí que era mentira. Obviamente no he visto este bodrio en una sala comercial pagando 9’50 euros, principalmente porque apenas ha tenido presencia en las salas. Pero desde hace un par de meses tenía yo la oreja pegada al ordenador, dado que había escuchado auténticas aberraciones sobre este debut de la directora Mary Christine Stockwell, que por lo visto no tenía suficiente con rodar un bodrio romántico infumable, sino que además tenía que contar con todos los ingredientes que han hecho renegar a todo españolito con menos de dos dedos de frente de toda la producción cinematográfica patria. Sofá porno disfrazado de reivindicación social.

El riesgo de amar trata sobre dos mujeres lesbianas que viven un idilio a espaldas de sus respectivos novios en una comunidad pequeña y algo retrógrada de un punto indefinido de Estados Unidos. Es algo así como un plagio particularmente malo de Brokeback Mountain contemporaneo pero con algún pecho al azar y unas interpretaciones de mierda. La actriz principal y protagonista, encargada de mantenernos ocupados con su busto cada vez que abre la boca, es Shirley Delbonnel, actriz nefasta donde las haya pero de bastante buen ver, prometida a un hombre absolutamente anodino que ni siquiera quiere calmar los calores internos de nuestra heroína.

En la película enseña menos cacha que aquí...

La chica, que va completamente quemada, no se le ocurre otra cosa que pasear tranquilamente por la ciudad y se encuentra a una chica que se baja de un taxi llorando y poniendo a parir al hombre de dentro, llamándole de todo y diciéndole cosas del tipo “no vas a volver a tocarme, hijo de puta” y lindezas similares, todo esto mientras se sube las bragas. Lo de los taxis americanos tiene pinta de ser muy particular…

La pazguata se acerque a la otra y trate de consolarla. La otra saca un cigarrillo y mientras echa más y más mierda sobre lo cerdos que son los hombres, agradece a la protagonista su preocupación y la invita “a tomar algo”. Así, por las buenas. Y la otra acepta, tampoco sabemos muy bien porque. Si la película a partir de aquí se convirtiera en un espectáculo porno, pues igual la película mejoraba hasta poder considerarla material masturbatorio, pero ni eso. La otra chica, más mayor que ella, la lleva a un bar de copas donde beben, hablan de lo cerdos que son los tíos, de lo cabrones y bastardos que son y de lo muy superiores que son las mujeres.

Entonces, la “madurita interesante” se acerca a la otra y le mete un beso con lengua hasta la campanilla mientras la otra se queda absolutamente inmóvil. Es un beso feo, asqueroso, antierótico, y lo peor de todo es que tienes la sensación de que no era lo que se pretendía, sino hacer un beso bonito e inspirador. Pero total, como esta mierda está rodada como el culo, tampoco nos vamos a preocupar mucho.

Karen Gilbert, en el papel de mujer al borde de la crisis de los 40, fumadora, lesbiana reprimida, en un matrimonio apestoso, podría ser lo mejor de la película. Pero no. La interpretación que hace es tan histriónica, desmedida y sobreactuada que solo estás deseando todo el rato que la protagonista se harte de escuchar su voz y la ahogue contra sus pechos. Por supuesto, esto no ocurre, sino que tenemos multitud de escenas post-coito lésbico en habitaciones indeterminadas y siempre distintas donde las dos salen bien tapaditas mientras hablan de “cosas de mujeres”. Cosas que sus maridos compran o no compran, de la primera vez que se masturbaron, de cosas que han hecho con hombres…

La otra protagonista de esta bazofia.

Hay una escena en concreto donde se brinca una particularmente detallada descripción de la primera vez que Karen Gilbert (no, no me acuerdo de los nombres de los personajes, de modo que las llamaré por los nombres de las actrices y punto) tuvo sexo anal, con mierda saliendo del ano durante el proceso y todo. MUY descriptivo. Vamos, no recomendado para ver mientras están desayunando, como me ocurrió a mí. A estas escenas de diálogo supuestamente guay liberador que rompe tabúes se le intercalan escenas donde vemos lo aburrida, anodina y poco sexual (con poca presencia de mierda manchando las sábanas y la polla de su prometido) que tiene Shirley.

Finalmente esta decide abandonar a su marido para fugarse con su amante femenina, y rehuir la aburrida vida que le espera atrapada “en la dictadura de los hombres”. No obstante, oh dioses, Karen se burla de ella y se niega a dejar su cómoda vida de casada solo por un romance lleno de sexo. Hay llantos, despedidas, “no me toques” y cosas así, y de este modo nuestras queridas amigas se separan. Karen vuelve a casa, donde es sodomizada en una escena donde no se ve absolutamente nada y Shirley pasea por la calle. mientras suena música típica de final de capítulo de Anatomía de Grey.

Se hace un fundido en negro indigno del Movie Maker mientras termina la canción y vemos a Shirley terminando una copa en el bar del principio. Entonces se le acerca una chica y le pregunta si le invita a otra. Shirley sonríe y acepta. Fundido en negro de nuevo. Fin de este truño.

¿Cómo? ¿Corta? En absoluto. Este petardo ¿feminista? dura 90 minutos, pero es que no ocurre nada. Es todo el rato, una vez tras otra, conversaciones sobre sexo, sobre lo odiosos que son los hombres, y el marido de la protagonista siendo un asqueroso aburrido que las pocas veces que se la tira no le da placer ninguno. Básicamente en eso consiste toda la película. Mary Christine Stockwell, te has cubierto de gloria con esta reputa mierda. Las pocas veces que nos apercibimos de la existencia de la banda sonora es una repugnante balada popera de serie B o bien algo rescatado de la carpeta de “BS Telefilms” de alguna productora de cuarta fila que ha decidido financiar este despropósito.

Por lo visto alguien tenía pensado hacer de Sins of Love un referente del cine feminista, y a su autora, de una visionaria creadora de “cine para mujeres”, pero por suerte, y a diferencia de lo que piensan determinados sectores del radical-feminismo, las mujeres y los hombres somos iguales, y a los dos géneros nos aburre esta basura intrascendente que se ha pegado tal batacazo fuera que en España apenas se ha debido proyectar durante una semana en alguna sala de mala muerte.

No es que tenga que advertiros de que no veáis este rollo patatero, pero necesitaba desahogarme después de haber perdido hora y media de mi vida en ver esta basura que ni siquiera es lo suficientemente mala como para reírse. Un espantajo.

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comentarios
  1. El Tipo de la Brocha dice:

    En la vida había oído hablar de Shirley Delbonnel, pero si la de la primera foto es ella, se parece un huevo a Alison Angel. Vamos, que son clavaditas.

    Por cierto, ¿no te habrás inventado toda la película?

  2. ¿Qué pinta Stephenie Meyer en todo esto? ¿Por qué una búsqueda en Google no arroja ninguna luz sobre la película? ¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

  3. Soy un pelín feminista y las pelis tópicas típicas tópicas de esta índole me parecen un insulto a la inteligencia. Si una feminista te dice el clásico “todos los tíos son iguales” no tiene un criterio considerable. Me alegra saber que este despropósito no ha llegado lejos, tanto, que ni sale en Google. Hay que dejar de faltar al respeto del espectador, por favor.

  4. Spike dice:

    Es curioso que todas estas películas que intentan vendernos como feministas o de liberación de la mujer sean de temática homosexual, cuando, desde luego, una cosa no tiene nada que ver con la otra.

  5. Spike dice:

    O sí que pueden tener que ver, pero no es intrínseco