Ciencia ficción: un post serio en Crisis Creativa

Publicado: diciembre 26, 2011 de Fosforo en Libros y comics

Discutíamos por twitter este día 24 sobre La Guerra de los Mundos,  la película, y decía yo que no me gusta cuando una película necesita explicarse, y más aún, su mensaje final, con una voz en off. Especialmente porque la cinta de Spielberg no nos prepara en absoluto para dicho desenlace ni esa conclusión, es una enseñanza extraída ad hoc, sin ninguna relación con la historia que llevamos hora y media “disfrutando” . De ahí saltamos a que alguien me buscase las cosquillas aludiendo a que Blade Runner tiene un resultado parecido, y cuál fue mi pasmo ante semejante afirmación dado que, que yo sepa, Blade Runner no tiene una bonita conclusión final resumible en una frase como sí es el caso de la versión cinematográfica de la peor de las obras mayores de Wells.

La discusión sigue desvariando y entonces llega a ese punto donde toca la fibra sensible de un servidor, que va mucho más allá de lo subjetivo de los gustos de cada uno, en los cuales no me meto a pesar de considerar que el mío es el bueno, como todos los demás hacen. Sale la palabra “tecnófobo” asociada a Philip K. Dick (chistes sobre pollas no incluidos), autor de la obra literaria original en la que se inspira Blade Runner, y que personalmente considero uno de mis escritores predilectos. Su libro me parece que supera ampliamente a la película desde el punto de vista argumental, si bien el ritmo y estética de la cinta son dignos de elogio.

Me indigna un poco la definición, no tanto por maliciosa (que presumo que no) como por la evidente equivocación que supone dicho juicio. No es que yo vea demasiada “tecno-fobia” en la película, pero menos aún en el libro. Y si bien acepto que tengo pendiente revisionar la primera, con el segundo no puedo hacer concesiones. A pesar de las mamarrachadas que señalan a Dick como padre prematuro del penoso movimiento Ciberpunk (vale, hay obras buenas en el ciberpunk de los 80, pero poquita cosa), PKD no es un autor que preste excesiva atención a los aspectos tecnológicos de sus distopías literarias más allá de la impecable ambientación necesaria del buen escritor, pero considerar  a Philip K. Dick como tecnófobo (o tecnófilo) sería como considerar que la obra de Tolkien es un tratado de paisajística.

Bien es cierto que Dick era el rarito de una generación de autores de ciencia-ficción con una ideología positivista (bastante desfasada) entre los que se cuentan enormes autores como, por ejemplo, Asimov. Este, siendo considerado un artista positivista con una perspectiva entusiasta respecto al desarrollo científico en comparación con Dick, tiene muchas más obras en las cuales es el desarrollo científico el verdadero problema, como, por ejemplo, Los propios dioses o el célebre relato de Yo, robot.

Dick no estaba tan interesando en el avance tecnológico como en la sociología, resultando un estupendo crítico y analista de las propias condiciones de su realidad actual. Como ya hiciera Orwell, centró su obra no tanto en el misterio, lo desconocido y lo aventurero, algo propio de los autores de su quinta, como en las aterradores posibilidades de un mundo nuevo plagado de las más variopintas formas de tecnología. Pero en sí la tecnología no es “la mala” en ninguna de sus historias. Usualmente se trata de gobiernos de tipo despótico, corruptos y totalitarios, muy al uso de los comunismos que amenazaban al “ciudadano medio” de los USA en los años 50 y 60. Ejemplos claros son “Lotería solar”, “El hombre en el castillo” (ucronía sobre una hipotética victoria de las fuerzas del Eje) o “Fluyan mis lágrimas, dijo el policía”.

Cuando su obra no trataba estos temas Dick suele centrarse más bien en obras donde el individuo es el principio y el final de la historia, donde se analiza en perspectiva la realidad de la naturaleza del ser humano, en contraposición con la consciencia del mundo exterior que nos aporta la ciencia. Pero la ciencia nunca es la mala. Ejemplos clarísimos de esto, la sensacional “Ubik”, “Una mirada a la oscuridad” o “Tiempo de Marte” (no confundir con “Tiempo de amarte”, telenovela venezolana de gran éxito y renombre en Ecuador).

En estas obras más humanistas, Dick da rienda suelta a las que fueron sus dos mayores obsesiones a lo largo de toda su vida, la locura y las drogas. En todas sus obras aparecen presentes estos elementos, y en este segundo tipo de una forma mucho más clara. Igual que en Solaris de Lem, en las obras de Dick lo más aterrador que puebla el universo es nuestra propia alma, la esencia inhumana dentro de la humanidad, desatada a base de adicciones, situaciones traumáticas o sencillamente un extraño y cruel azar.  Este tipo de mentalidad no se contradice en absoluto con el miedo al totalitarismo gubernamental del que hace gala en las obras mencionadas primeramente. Lo peligroso no es la ciencia, sino el propio ser humano. Los problemas que plantea Dick transcurren en extraños futuros (que ahora son pasados, pues solía ubicar las historias en la década de los noventa) pero no son exclusivos, sino más bien reflejos de ciencia ficción de problemas y miedos “actuales” para el autor.

Y es que la ciencia ficción desde su primera concepción ha sido una válvula de escape para el más duro de los escepticismos en los siglos XIX y XX. Lo que no se podía decir en el presente, se podía contar en forma de parábola futurista en boca de pobladores de lejanos planetas. Ocurrió con Star Treck y la guerra de Vietnam, sucedió con Ursula K Le Guin y, creo yo, sucede en la obra de Dick, que ya en sus tiempos estuvo siendo investigado por el FBI como sospechoso de socialista peligroso (aun que claro, en aquel entonces para el FBI todo era sospechoso de ser un socialista peligroso).

En el caso concreto de “Sueñan los androides…”, obra que inspiró Blade Runner, creo que estamos con un híbrido entre ambas posturas de Dick. Por una parte tenemos una reflexión sobre la naturaleza de lo humano, siempre con el interrogante de dónde está el límite entre lo humano y lo artificial. ¿Es el hombre capaz de crear algo tan humano como para merecer dicha condición? ¿Es posible que el hombre se distancie tanto de su obra como para considerarlo algo externo? Hay algo muy profundo en el fondo del libro. Pero también tenemos una importante reflexión sociológica. Esa sociedad donde el ecologismo es solo una pose para tener un determinado status social podría ser perfectamente extrapolable a nuestros días de una forma dolorosamente cercana. Y la obra habla de xenofobia, de racismo. Del odio y el asesinato sin compasión, “retirar” es un eufemismo mostrado de forma malvada, de seres que son casi iguales a los nuestros solo porque se rebelan. Quien diga que exagero, que mire fechas. El libro salió publicado en 1968, el mismo año que se asesinó a Martin Luther King y las calles de Estados Unidos bullían de revuelta social.

No hay nada tecnófobo en la obra de Philip K. Dick, y sinceramente no tengo demasiado claro que la película introduzca dichos elementos. No se puede cometer el error de confundir “distopía” con “tecno-fobia” porque nos arriesgamos a crear un absurdo total. Por eso mismo, tampoco creo que Blade Runner tenga una moraleja, un mensaje sencillo, claro, conciso, único y que sirva de enseñanza, como sí tiene la obra de Wells (toda salvo La máquina del tiempo, la mejor de todas las lecturas posibles). Blade Runner es un compendio de ideas, matices y miedos que se van explicando a ellos mismos a lo largo de la trama. Puede tener una conclusión, pero no es única ni absoluta, ni tampoco busca ser universal, como sí pretende el concepto tradicional de “moraleja”.

Sobre el resto de cosas que hemos hablado en twitter últimamente, ya escribiré algo si eso. Y me disculpan el artículo, quizá más sesudo de la cuenta.

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comentarios
  1. Neyebur dice:

    Crisis Creativa se esta convirtiendo en “vamos a redactar en forma de artículo mis discusiones twitteras con MarioDS” xD

    • Fosforo dice:

      Así hasta que Mario acepte entrar en el blog y podamos discutir post a post en una batalla campal.
      No, en realidad no, pero si a estas alturas nadie se ha dado cuenta de que casi todo sobre lo que escribo son cosas que vienen de los comentarios de lectores y twitteros, que se lo apunte

    • Chuck Draug dice:

      Lo dices como si fuese algo malo o como si las discusiones de MarioDS fuesen las únicas que dan lugar a artículos de Fósforo en CC. xD

  2. Totalmente de acuerdo con su opinión sobre K. Dick. Como usted, yo tampoco comparto la creencia de que fuera tecnófobo o tecnófilo, sino que, como ya ha dicho, trataba situaciones actuales desde el marco seguro que podía (y puede) proporcionar la ciencia ficción.

    Solo un apunte respecto a La guerra de los mundos que, seguro, ya conocerá: el horripilante final deusexmachinesco no es cosa de Spielberg, pues ya está presente en la obra original de Wells. La película de Spielberg es ATROZ, pero por otros motivos, muchos de los cuales incluyen, me temo, a Tom Cruise y el inconstante ritmo de la película.

    • Fosforo dice:

      Perp es que novela y cine no pueden funcionar de la misma manera, y lo que funciona en uno no puede funcionar en otro. El encumbrado y diosificado señor Spielberg podría haberlo tenido en cuenta y adaptar la película de forma que quedase mínimamente bien explicado, no una voz en off aclarando por qué ha ocurrido todo. En el libro no hay “voz en off”, o todo lo es. Una de las dos cosas…
      ¿Sería El club de la lucha una cuarta parte de lo buena que es si no se tomase licencias narrativas con el libro?
      Y sí, Tom Cruise es de lo peorcito.

      • Voz en off, señor con bata blanca explicándolo, o Tom Waits bajando de una nube y cantando qué ha pasado con los extraterrestres, el final me seguiría pareciendo una basura. Creía que usted se refería al final en sí (que también), no a la forma. Mea culpa.

        P.D.: Spielberg, próximo blanco de un Tampoco es para tanto.

  3. Chuck Draug dice:

    PKD solo tenía el futuro y la tecnología como heramientas al servicio de la historia y de las intenciones filosóficas y sociológicas que tanto le gustaban, no porque le molara ser un referente Sci-Fi. De hecho, hace casi dos meses estuve hablando con el señor Koopa sobre la obra de Dick y te sorprende mucho ver que Philip iba más allá de las distopías, y que tenía muchas cosas que contar.
    Decir que Dick era tecnófobo o tecnófilo, en mi opinión, es un juicio prematuro. De hecho, yo hasta que leí relatos como Ubik pensaba que Dick era tecnófilo, pero no: hay más cosas en la ciencia y la tecnología que ellas mismas, están también sus usos y las personas que las emplean. Son más relatos de personas, sus acciones y lo que les sucede que sobre cómo la tecnología puede cambiarnos (que no se ignora, ojo). Al menos, así veo a Dick.

  4. Tengo pendiente tantos libros… y entre ellos alguno que otro de Dick. Me puede servir muy bien este artículo para saber por donde empezar.

    Y, oye, más artículos serios de vez en cuando no está nada mal 🙂

  5. valerian32 dice:

    Por cierto ¿no había unos posts más sobre el salón de Zaragoza o mi rss me ha mentido?

    Respecto a la entrada en cuestión, sí, estoy de acuerdo en que Dick (lo poco que he leído) no era un tecnófobo. No obstante ¿habría algún escritor tecnófobo?

    Es decir, que yo entienda, siempre que se ha puesto la tecnología adicional se ha establecido que es el hombre quien la usa para bien o para mal. Si eras un positivista (tipo Asimov) entendías que oye, que la humanidad no será tan mala y usará “para el bien” cuando en otros casos de distópicos pues proponen lo contrario. Que si existen helicópteros y cámaras de televisión solo van a grabar y controlarte.

    • Fosforo dice:

      Sin ir más lejos Matrix establece un escenario de ciencia ficción donde es la tecnología la que toma el control y somete a una humanidad que no tiene nada de malo.
      Terminator va sobre como la tecnología militar se hará tan sofisticada que perderemos el control sobre ella y nos arrebatará la libertad.
      2001, una odisea en el espacio nos habla sobre los peligros de delegar en la tecnologia…

      Y todo el Cyberpunk de los 80 trata más o menos temas parecidos, donde la tecnología escapa de las manos de una civilización ingenua y perezosa. No es que los humanos sean retratados siempre como unos angelitos, pero el peligro es más la tecnología desarrollada que su explotación humana.
      Esta postura aguanta hasta mediados de los 90 como corriente general de la ciencia ficción, en oposición a los positivistas. Por eso alguna gente se confunde y mete a Dick como padre de esta corriente tecnófoba, sin ver que no es ni lo uno ni lo otro. A partir de los 90 empiezan a recobrar fuerzas otras corrientes, que nunca serán tan positivistas como los autores de principio de siglo pero sí que le tienen menos miedo a la tecnología.
      Supongo que en 20 o 30 años la cosa volverá a cambiar hacia la “tecnofóbia”….son ciclos.

  6. Hoy no estoy profunda pero ya que leo voy a comentar que el autor después se me queja de ausencia ^^U
    1.- La película de La guerra de los mundos es de las diez peores que he visto en mi vida.
    2.- Me ha hecho gracia lo de los chistes de pollas de Dick, no lo había pensado nunca pero ahora cada vez que vea su nombre me desorinaré como la Espeonza.

  7. mariods dice:

    Vale. Hoy me doy cuenta de lo que provocó mi discusión. XDDDDDDD Perdón, ese tipo de cosas que te pierdes por no tener portátil.

    Pero sí, coincido contigo en que… necesito un post entero donde poder discutir y dar mis propias razones por las que no estoy totalmente de acuerdo con estos argumentos. XD

    Y perdona, pero sí, el libro de El Señor de los Anillos (EN OCASIONES) sí que llega a ser un tratado de paisajística. Y mucho.

  8. Spike dice:

    Wau, menuda pasada de artículo. Se nota que hablas con conocimiento del tema tratado y que además te apasiona. Me has mantenido enganchado de principio a fin e incluso me has picado la curiosidad por el trabajo de Dick, el cual conozco pero en el que nunca me he introducido.
    Coincido completamente en tu opinión sobre el trasfondo de Blade Runner sobre el racismo y la xenofobia, es algo que no me pasó desapercibido en su primer visionado. Para mi de las mejores películas que he visto.