The Elder Scrolls V: Skyrim

Publicado: noviembre 18, 2011 de Fosforo en Videojuegos

Si sigues mi twitter no debe sorprender que rompa mi tradicional mutismo sobre el mundo del videojuego para hablar de Skyrim, la última entrega de la saga de rol The Elder Scrolls (ya vamos por la quinta) y que salió la semana pasada para algarabía del respetable. Y es que había muchas ganas de jugar este juego, sea porque el anterior (Oblivion) era excelente, sea por el retraso al que ha sido sometido, o sencillamente porque hablamos de un género (el rol sin online) que cada vez tiene menos presencia en el mercado, pero cuyos fans no queremos dejar atrás.

El juego comienza como cualquier otro de la saga. Tu personaje es un proscrito, preso ante la justicia. En este caso, más aún, estás a pocos minutos de tu ejecución, pues has sido descubierto viajando con el líder de la rebelión contra el Imperio protagonizada por un grupo de nórdicos, naturales de la gélida región norteña que da nombre a este número. Sin embargo, en el momento justo un enorme dragón emerge de entre las montañas y arrasa el campamento imperial. Después de siglos sin que ninguna de estas criaturas apareciera por Tamriel, parece que han despertado, porque no será ni de lejos el único que encuentres en tu andadura (yo llevo una semana jugando y ya llevo tres o cuatro) y tú resultas ser el elegido por los dioses para plantarles cara.

Esta trama principal se desarrolla mientras la guerra entre nórdicos e imperiales se va saldando vidas, la intriga política y el asesinato abundan y los ciudadanos de Skyrim buscan su forma individual de sobrevivir. A la épica van a acompañar decenas de misiones que van desde llevar cartas entre enamorados hasta forjar armas, pasando por asaltar fortines, registrar cuevas en busca de reliquias o combatir a extrañas sectas de lo más despiadado.

Sobre la jugabilidad, hablamos de un concepto muy distinto al original, e incluso, muy distinto respecto al Oblivion, con el que no se lleva tanto. Para empezar, la forma de hacer magia ha cambiado totalmente. Ahora puedes llevar un hechizo en una mano (incluso uno distinto en cada) y se utilizan como un arma más. Es decir, si yo decido llevar un escudo y un hechizo de fuego, no puedo llevar una espada. En cierto modo puede parecer un incordio, pero tiene su aquel. Otra cosa es que los hechizos se pueden “dejar pulsados”, es decir, que puedo apretar el botón de uso de la mano en la que tengo, pongamos, un hechizo sanador, y este me va sanando (y gastando magia) hasta que deje de pulsarlo. Es particularmente útil para luchar con una mano y curarte con la otra.

Algo que me gusta menos es que solo puedo llevar un anillo, y no dos. Si ya la limitación de dos es superada por muchos góticos que conozco, lo de llevar uno solo me sabe un poco a poco. Pero se acepta y se aguanta. Punto interesante es que tu atuendo parece influir de verdad en la forma en que la gente se dirige a ti, y eso siempre mola.

Se mantienen los marcadores en el mapa, ahora con una más bonita brújula en la pantalla de juego. Eso sí, el mapa es burril, descomunal, y nos vamos a perder y a cagar en los muertos de todo el mundo muchas veces. Lo cual me encanta.

Y técnicamente es una chulada, con personajes más diferenciables y activos que nunca, con ciudades y escenarios cuidadísimos, con…con…si es que es cojonudo, de verdad, da gusto, sobretodo respecto al Oblivion que parecía casi una beta en muchas situaciones. Aún así le faltan algunos detalles que limpiar, como las sombras que salen pixeladas sobre la piel o la nieve, lo cual es imperdonable en un juego donde se enseña tanta cacha y donde casi todo el mapa es puto hielo. Se supone que se irá arreglando con parches. Ya veremos.

Otro punto curioso es el doblaje total al castellano, cosa que en Oblivion no estaba y que…uhm, aún me he decidido respecto a esto. No sé si es mejor o peor. Por una parte, me ahorra leer subtítulos y demás. Por otra parte, y como siempre, la mitad de las voces me son conocidas de la televisión y el cine, y le resta un poco de magia al tema.

Respecto a mi partida, he de reconocer que soy un bastardo tramposo. Me hice un elfo oscuro (resistentes al fuego) que me ha resultado muy útil para enfrentar algunos dragones, que posiblemente me hubieran follado con otro personaje más de una vez. Es un arquero excelente, un mago mediocre (otro punto del juego es que la magia juega un papel mucho más restringido respecto a otras entregas, frente a más fuerza bruta) y un luchador bastante solvente, tanto con los puños como con armas.

De momento se dedica principalmente a saquear cubiles, vagar por las montañas, matar dragones y mantener una postura equidistante respecto al conflicto entre imperiales y nórdicos, lo mismo apoyando a uno u a otro según va viniendo. Al principio quería ser muy imperial muy imperial, pues intuyo que hay dos posibilidades en este juego al respecto, pero mi conciencia social por los oprimidos me va quemando. ¡Skyrim libre!

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comentarios
  1. El Tipo de la Brocha dice:

    He estado jugándolo este fin de semana, y me abruma. Skyrim es más que grande, es ENORME. Y hay cientos de cosas por hacer. Creo que acabaré odiándolo porque no puedo dedicarle el tiempo que se merece.

  2. Spike dice:

    Tengo pensado dedicar la semana del puente a viciarme como una perra a este y al L.A. Noir. Ganas, muuuuuuchas ganas!