Harold y Kumar escape from Guantamano Bay (Dos colgaos muy fumaos 2)

Publicado: julio 27, 2011 de Fosforo en Cine
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Existen pocos géneros más puramente americanos que la road movie. Las vastas llanuras desérticas del continente de ultramar se prestan de una forma mucho más sugerente al viaje largo y accidentado sobre el asfalto que el territorio europeo. Por ello, es muy difícil separar el género de Norteamérica, de los amplios y hostiles parajes desolados de los Estados Unidos. A lo largo de los años, y desde el rodaje en 1967 de Bonnie and Clyde, este subgénero de aventuras costumbristas, esta especie de Odisea contemporanea, bautizada con el olor a carburante de hidrocarburo, nos ha proporcionado varias piezas icónicas del ser de los USA.

Tomando esa dinámica, e inspirado por otro clásico del celuloide en la carretera como es Easy Rider, Harold & Kumar go to White Castle (2 Colgaos muy fumaos en España) bebía, no solamente de estas fuentes que analizan la adversidad, la fraternidad y la nostalgia del hogar, sino que también se dejaba influir por la estética del momento y tomaba claros retazos de la trama de cine sobre la amistad, elogios a la juventud universitaria que supone el cine hollywoodiense de los años 90.

Y es que en todo este tipo de cine protagonizado por dos o más jóvenes veinteañeros se adivinan los anhelos de los directores y de una sociedad que rinde un obsesivo culto a la adolescencia y al periodo universitario. Si en otros tiempos el modelo de americano que todos querían ser era Bud Fox, el protagonista de la célebre cinta de Oliver Stone, ahora el sueño americano se materializa en Mark Zuckemberg, ya inmortalizado para siempre en la recientemente premiada La Red Social. El modelo ya no es un hombre de traje y corbata, sino un estudiante que se hace rico desde su habitación del colegio mayor, en bata y zapatillas de felpa.

En ese completo cada vez más peterpanesco en el que se ha sumergido la sociedad de Los Ángeles, en el que el remake, lo joven, es lo positivo, se ubica esta road movie que ya no puede ser protagonizada por un Peter Fonda en estado de gracia, sino que ha de ser encabezada por John Cho y Kal Penn, de una apariencia y estética mucho más juvenil. Los papeles de sus personajes contribuyen a elaborar esta ilusión de perpetua juventud. Y si esto era el leit motiv de la primera entrega, en 2004, esto es, la persecución de la eterna juventud en forma de hamburguesas para paliar el hambre producido por el consumo de drogas, en esta segunda parte lo que se evidencia es una lógica, siguiendo el esquema ideológico del cine presente, huida de la madurez.

El mensaje final de la película, pero que empapa todo el trasunto de la obra, es esa huida declarada hacia atrás, y cual metáfora del propio Hollywood, los personajes escapan a la edad adulta rebelándose, cual adolescentes, frente a la sociedad. El papel libertario, casi anárquico, de Easy Rider es transformado para una nueva generación en la búsqueda hedonista de la eterna adolescencia, incluso frente a las intransigentes autoridades de lo bienpensante.

Esta secuela nos sitúa la semana misma en la que termina la primera entrega. Los protagonistas han tomado la decisión de viajar a Ámsterdam en busca del amor de Harold. Pero en el vuelo intentarán fumar marihuana (eje central de la trama de la primera parte que se vuelve mucho más presente, aún, en esta nueva cinta) y acabaran retenidos en la prisión de Guantánamo. Una versión de Guantánamo, por otra parte, facilona, infantil y completamente alejada de la probable realidad que da la cárcel más opaca del mundo occidental. Tras escapar de Guantánamo volverán a los Estados Unidos donde intentarán poner solución a su problema con del Departamento de Seguridad de los Estados Unidos.

Con esta particular huida de la justicia a lo largo y ancho de los Estados Unidos (desde Cuba a Texas) los personajes escapan de sus propios compromisos y realidades. En esta nueva aventura, Harold parece no tener trabajo, y también parece que Kumar ya no está presionado por su padre para que se dedique a la medicina (hay una pequeña mención al final que casi nos sorprende por lo poco que viene al caso). Estos treintañeros escapan de un implacable Rob Corddry que no cejará en su empeño de defender los Estados Unidos de la amenaza terrorista que, él cree, suponen el dúo protagonista.

Si ya en la primera parte las menciones al racismo y la xenofobia presente en las fuerzas del orden de Norteamérica eran claras y críticas, esta secuela las incrementa y destaca más, llegando, en ocasiones, a ser cargantemente obvias, Y es que todo lo que en la primera era un filo de canto romo se ha tornado en un brusco martillo de piedra que no permite al auditorio evadirse de la conflictividad social que expone de forma burda.

Grosso modo, toda la cinta resulta mucho más tosca que su precedente, y se adivina en ello la ausencia del director de esta primera Harold y Kumar Go to White Castle.

Sin embargo, quizás es en este tipo de cine de consumo juvenil y casi despreocupado donde hay que integrar desde ya los conflictos que presenta nuestra sociedad, para que así los mensajes calen en el público de una forma más honda y subliminal. Es una lástima que el mensaje final de la cinta no resulte el de una ácida visión del racismo estadounidense para con sus propios conciudadanos de otras etnias, sino que amalgame esto con otros mensajes más tópicos y fo presentes en la primera e incorrecta película.

Porque, y en un giro desvergonzadamente comercial y anti-artístico, el guión de esta segunda mitad nos invita más que antes a creer en el amor verdadero, en la pareja de exnovios que se reencuentran y acaban, de forma previsible, juntos. Aquí, más que nunca, la cinta se aleja de la naturaleza salvaje y rebelde de las road movies y entra en el puritanismo ciego y aburrido de otras cintas de “juerga universitaria” del mismo modo que ya lo hiciera la secuela de la indie Clerks un par de años antes. El empalagoso merengue de esta mezcla tan saturada de cannabis no hace más que empañar el espíritu contestatario del guión, logrando que lo que es una lucha contra lo correcto y lo establecido se convierta en una confirmación de ese mensaje pobre y paupérrimo, infantil y “Disney” de que la felicidad solo se encuentra tras la pareja estable, y, a poder ser, casada (véase el desenlace de la trilogía American Pie, también más comercial a cada entrega frente a los propósitos provocadores, de punk posmoderno, de la original de los hermanos Weitz).

Este drástico cambio de planes en la vida de nuestros protagonistas no exime en absoluto a la cinta de contar con momentos realmente delirantes, incluyendo la aparición de la buena parte de los personajes de la primera entrega. Entre los reencuentros se cuenta del de Neil Patrick Harris interpretándose a si mismo. O eso se supone. Porque con la popularización del actor en nuestro país gracias al éxito de How I Met Your Mother, solo al espectador poco atento se le escapará que, pese a su papel de auténtico depravado, pervertido y posesivo, el verdadero actor es declaradamente homosexual (dato que él mismo confirmó al poco de lanzarse la película que nos ocupa).

Sin embargo, el mensaje final de la película se reafirma en esa huida de la madurez, más acusada que en la percusora, y en ese dulcificado sentimiento del amor verdadero que emana la cinta. Los personajes, en la conclusión, logran el amor verdadero y, cual habitantes de la célebre novela de Huxley, logran la felicidad a base de consumir marihuana. Si en la anterior nos encontrábamos con una Odisea contemporanea, donde nuestros héroes lograban aprender de si mismos y superarse gracias al ingenio, la determinación y el azar, es esta nueva el mensaje ya no es duro y estimulante, sino manido y superficial. Una pena que esto oculte las evidentes denuncias políticas del argumento.

En conclusión, podemos concluir con que esta secuela de la stoner comedy los guionistas (que ahora ejercen también en la dirección) crean una historia con varios momentos igualmente locos y absurdos, pero que ya no configuran una verdadera historia de carretera, sino una búsqueda desesperada del amor frente a las adversidades. Un género del que ya tenemos muchos ejemplos, mejores, en el cine mainstream hollywoodiense. Una lástima, porque no es que la primera sea el sumun de lo aplaudible, pero sí que resultaba más redonda a pesar de contar con un menor presupuesto. Curiosamente, como al título de culto de Kevin Smith.

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comentarios
  1. Mr. Fail dice:

    “…el mensaje ya no es duro y estimulante, sino manido y superficial. Una pena que esto oculte las evidentes denuncias políticas del argumento.”

    Y que lo digas.

  2. En este caso, vastas, y no bastas, amigo.

    En cuanto a la película, tan solo pude disfrutar de la primera parte, y me temo que su secuela escapó a mis ojos en el momento de su estreno. Sin embargo, sí pude disfrutar al magnífico John Cho en la no menos sublime serie FlashForward, que fue igualmente aclamada por crítica y público.

  3. La madre que te… joder que crítica más dificil de leer. Si enfocas así una reseña, toda pelicula (menos Manos: The Hands of Fate) puede re-considerarse y verse como un pieza de arte conceptual aderezada con cargante valor expresivo de valores e ideales de la vida.

    Eso sí, me lo he pasado bien leyendo la reseña, más que con esta terrible peli xD

  4. Sentei dice:

    “Deliciosamente sublime, extraordinario, magnifico, una reseña digna de ser publicada en el New York Times, excepto que no.”

    – The New York Times

    • Fosforo dice:

      Todo es culpa tuya.

      • Sentei dice:

        Lo sé, y permítame recordarle, que me siento tremendamente satisfecho y complacido con el resultado. Sin duda no podía ser más de mi agrado. ¡Bravo! es una esquisitez, una obra maestra, una grandiosidad, la poya.

  5. Vrede dice:

    ¿De verdad creísta que la vería o que pienso hacerlo? ¡Y una mierda!

  6. Spike dice:

    Coincido. Con la primera se me saltaban las lágrimas de la risa y te puedo numerar todos los momentos delirantes, sin embargo con la segunda, que no me disgusto, no me pasa.
    En cuanto a Kevin Smith y Clerks la cosa es diferente ya que Clerks 2 no solo sirve como continuación y cierre a Clerks, si no a toda la filmografía de Smith hasta ese momento y su ciclo de “New Jersey” por lo que tiene más sentido que sea una película que intente darle un cierre a los personajes de manera más o menos satisfactoria. No entro en valoraciones de cual de las dos es mejor, solo digo que son diferentes, al igual que sus objetivos.