La saga de Saw

Publicado: octubre 25, 2010 de Fosforo en Uncategorized

Ahora que Saw 6 ha vuelto a las carteleras españolas, dispuesta a ofrecer toda la violencia que no querían que disfrutasemos en la gran pantalla (para eso vete a una corrida de toros, que es cultura) me pongo a recordar como está siendo el declive de una saga cuya primera película conforma uno de los más bellos recuerdos que tengo viendo una películas. Cuidado, si no has visto las películas, puede que alguna escena poco importante te reviente.

Todos los niños quieren a este muñeco.

Saw es probablemente mi película favorita de terror de este siglo. Por tres motivos principales. Por una banda sonora aterradora, inquietante, gloriosa, magnífica. Por no abusar ni un solo instante (ni uno solo) del terror de sustitos y golpes de violín para crear efecto de un terror que no se produce. Y lo más importante, por un giro argumental que te hacía levantarte airado, feliz, sintiéndo que la película era muchísimo más genial de lo que esperabas. Saw era un puñetazo a todo ese puto cine de niños chinos que nadie entiende y a los slasher que llevan plagiando a Scream desde 1994 (por cierto, se avecina una cuarta secuela, de modo que puede que acabe hablando de esta otra cinta).

En definitiva, que la película juega a confundirnos, a que nunca sepamos que pasa o porque y a hacernos sufrir tanto con el horror al que somete a los principales como las escenas realmente malrolleras de otras víctimas del asesino. Entonces llego la segunda. Y volvemos al mismo esquema. Personas atrapadas, nadie sabe quien es el malo, mal rollo, desconfianza y finalmente un giro argumental sobre quién es el asesino esta vez. Aún así tenía sus escenas interesantes, como la aparición de una piscina de jeringuillas que aún me produce un terrible escalofrio.

Esta saga no es apta para estomagos débiles ni para personas sensibles. En muchas ocasiones, especialmente en las dos primeras, se pasa mal. Se pasa realmente mal. Sin embargo, con el tiempo las muertes se vuelven más explícitas en la forma de mostrarlas y menos creibles, porque pasan a ser auténticas bizarradas imposibles. La manía de repetir el esquema de la primera, con su giro final, una y otra vez se hace cansino, dejándo de sorprender por completo. Los últimos 30 minutos de película te los pasas esperando a que llegue el puñetero giro, y cuando llega, ya no le importa a nadie.

Los intentos de revivir la historia a partir de la cuarta entrega (que habría sido una buena conclusión) continúan sin cesar durante otras (de momento) dos películas algo mediocres en el planteamiento y absurdas en el desenlace. Y si de esta sexta película del asesino del Puzle poco o nada se puede esperar, no os quiero yo contar las espectativas que tengo en el “final de la saga”, séptima parte, que posiblemente, como en el caso Harry Potter, dividan en dos películas para que la podamos pagar dos veces y exprimirnos un poco más.

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