Cinco razones para NO jugar a un videojuego.

Publicado: octubre 21, 2010 de Fosforo en Uncategorized

El propósito último y más importante de todo videojuego es, al fin y al cabo, entretener. Cuando un videojuego no consigue eso, nos encontramos ante una peligrosa arma de aburrimiento digital, habitualmente lastrado por uno de los cinco problemas no solucionados de la industria. Hoy vamos a darle un poquito de cancha a nuestra afición por el arte digital interactivo (que si no me equivoco mucho, sería el “décimo arte”)

Lo peor es que hay gente que de verdad lo piensa.

Trama tediosa. Cuando un videojuego se empeña en contarnos una historia que se le ocurrió al estudio que lo lanza en una noche de porros y cocaína servida sobre los turgentes pechos de prostitutas, muchas veces se expone a que esa historia sea un auténtico coñazo. Larga, confusa, poco profunda y demasiado densa incluso para los más avezados jugones, cuando un juego intenta a toda costa meternos una mala historia en nuestro rato de ocio digital, está logrando que nos aburramos como ostras. Para mí el ejemplo más claro lo constituyen muchos de los Final Fantasy, aun que si lo preferís, la saga de Solid Snake tiene varios momentos similares.

Jugabilidad infecta. Superman de Nintendo 64. Medal of Honor para Play Station 2. Videojuegos de estrategia para consola. Horribles controles que hacen de un videojuego una auténtica tortura, difícil de disfrutar y mucho más complicado de terminar con éxito, la verdadera dificultad no reside en el juego, sino en que los controles fueron diseñados para una raza con unas manos bien distintas de las nuestras. Pasa bastante cuando un juego quiere cambiar todo el sistema de control para no parecerse “a otros”, como es el caso de Pro Evolution Soccer. Dentro de este apartado también entran las cámaras incontrolables que siempre miran donde tú no quieres estar mirando.

Bug. Cuando un juego tiene tantos fallos que no se aguanta. Donde caes por un precipicio y debes reiniciar porque no mueres. Donde atraviesas paredes. Donde tu personaje se queda atascado con un elemento del escenario. Donde, sin comerlo ni beberlo, aparecen personajes que no deberían estar ahí. Entonces, todo interés muere y solo puedes concentrarte en maldecir los 60 euros que te gastaste en él. Mi ejemplo favorito es Alone in the dark, cariñosamente conocido entre mis amigos como Alone in the bug. En menor medida, los gráficos terribles pueden entrar dentro de este tipo de fallos que te sacan de la inmersión en  juego.

Pasillerismo repetitivo. Especialmente en los shooters, estos videojuegos destacan por una libertad de decisión del 0,01% que estriba entre si dispararás 25 o 26 balas contra determinado enemigo. No hay libertad de elección, no hay caminos alternativos. Lo único que puedes hacer es avanzar y matar como si estuvieras en un circuito. Si bien algunos escapan adecuadamente a este problema (Bioshock), ofreciendo alguna zona secreta y un sistema de karma, otros se hunden profundamente en este gravísimo defecto (Halo)

Excesiva “libertad”. Últimamente, y tratando de escapar del anterior defecto, surgen juegos que dan tanta libertad al jugador que es incapaz de hacer nada. Te sientes completamente perdido sin ningún tipo de ayuda o apoyo, muchas veces preguntándote “¿Qué coño tengo que hacer?”. Esto, que pasaba antes con algunas aventuras gráficas demasiado complejas, pasa ahora con juegos como Tony Hawk Project 8 (del que soy orgulloso poseedor) y me ocurría en cierta medida con Mass Effect, o plenamente con Dead Rising si bien para mí el mejor ejemplo es el GTA, un juego donde acababas haciendo cualquier cosa menos las misiones, que se correspondían con el primer punto.

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comentarios
  1. El niño de la gorra dice:

    No jugaste al ultimo halo verdad?

  2. cualquierpersona dice:

    Yo en bug hubiese metido el wow, claramente, dudo que haya un juego con mas bugs que ese.