Fosforo contra la televisión

Publicado: julio 15, 2014 de Fosforo en Fosforo contra...

No soy muy aficionado a ver series. Siempre he preferido las películas, cuyo tiempo está más o menos medido. En cambio, me cuesta mucho tolerar la esclavitud de las horas y horas que cuesta ver una serie completa. Sin embargo, entre temporada de exámenes, verano más relajado y caluroso y tiempo libre derivado, entre otras cosas, de no tener un blog que actualizar, he sacado un rato y le he dado un tiento (o un repaso) a un buen puñado de series terminadas o no. Me voy a dejar para otro día Penny Dreadful, seguramente el descubrimiento más fortuito y afortunado de este año, y os voy a comentar lo demás. Atentos, que hay para todos los gustos.

Especialmente si tus gustos incluyen, como es mi caso, una serie corta que te permita dedicarle una cantidad de tiempo asumible de entrada. Eso fue lo que me animó a dedicarle unas horas (seis, nada más) a Peaky Blinders. Y es que aunque parece ser que va a haber segunda temporada, casi podríamos hablar de una miniserie de seis capítulos en los que se relata el ascenso de Thomas Shelby en los bajos fondos de Birmingham a su vuelta de los campos de batalla de la Gran Guerra.

Esta historia de mafiosos ambientada al filo de los años 20 escapa a muchas producciones de ambientación similar (lo primero que me viene a la mente es Boardwalk Empire) porque Birmingham no es una ciudad americana llena de mafiosos en traje asaltando bancos a punta de ametralladora. La Inglaterra de Peaky Blinders es sucia, gris y triste. Una Inglaterra obrera e industrial cuyas calles están llenas de un fango muy similar al que abrazó en la muerte a miles de ingleses durante una contienda que transcurrió a las puertas de su nación. No hay un océano entre las trincheras de la Gran Guerra y nuestros protagonistas. Apenas hay un brazo de agua, igual que el que les separa de una violenta Irlanda decidida a apoyar la independencia de Irlanda del Norte. Una Inglaterra de terrorismo, comunistas y veteranos muertos en vida.

Annabelle Wallis es Grace, en Peaky Blinders y se pasa por aquí a ver si os animáis a comentar.

Annabelle Wallis es Grace en Peaky Blinders y se pasa por aquí a ver si os animáis a comentar.

Es esa sensación brutal, esa ambientación que inunda las tramas, el nacimiento del incipiente feminismo, el “socialismo real”, el Ejercito de Liberación Irlandés,… todo esto pasa por encima de la trama de Thomas Shelby y nos proporciona una gran serie por encima del personaje memorable de turno. Que el elenco de Peaky Blinders está muy bien, que la historia principal está llena de tensión y momentos brillantes, pero es esa Inglaterra destrozada la que hace de la serie una experiencia distinta y tan recomendable. Y encima está hecha con un mimo y la precisión de un jodido reloj. Solo 6 horas, queridos lectores. Están tardando.

Otras 6 horas, y no más, es lo que me ha llevado revisitar Black Mirror, la serie distópica británica que pone al día muchas de las cuestiones de ciencia ficción que el cyberpunk y sus derivados han dejado un poco de lado. No es que Black Mirror no pueda tener sus sociedades opresivas, sus malvadas corporaciones o sus tipejos de aspecto ridículo. Pero Black Mirror al final plantea un gran dilema y nos enfrenta a él con toda su furia: cómo hemos cambiado, y cómo vamos a cambiar por la tecnología. Y en esta versión modernizada vuelven los referentes del género en toda su plenitud. Desde sociedades de vigilancia y placer como Orwell o Huxley imaginaron hasta kafkianos sistemas políticos dignos de P.K.Dick, pasando por robots y tecnologías más propias de un buen relato de Asimov.

Como Black Mirror no tiene guapa recurrente, un cerdo.

Como Black Mirror no tiene guapa recurrente, un cerdo.

Pero todos estos escenarios son mostrados bajo una nueva luz, la luz de la tecnología actual, de Internet, de las videocámaras, de los millones de pantallas que miramos cada día de nuestras vidas, esos espejos negros que nos entregan un esperpento. No pretende jugar con el “esto podría pasar”, tampoco con el “esto es muy acertado científicamente”. Busca la esencia de la verdadera ciencia-ficción, perseguir nuestros propios demonios mirando a través de futuros deformados por la ficción. El sabor amargo, la negrura de Black Mirror es tan descarnada, tan cínica y contundente, que parece casi imposible que una serie como esta exista en la puritana televisión actual. Por supuesto, han tenido que hacerla putos ingleses. Muy recomendada también, diga lo que diga BOINES.

Pero si hablamos de miradas a lo más oscuro de nuestra sociedad (que bien voy hilando este post, ¿eh?) también podemos hablar de House of Cards. Me costó mucho animarme con House of Cards porque, esta sí, requiere horas. Muchas. Dos temporadas bien cargadas de capítulos de una hora cada uno. Toma ya. Pero el amigo que me había recomendado Peaky Blinders insistió y al final me animé a verla, y no puedo dejar de agradecérselo. Menuda maravilla, señores, menuda maravilla es House of Cards.

Todos los pecados de la serie se perdonan por lo que antes he citado duramente, ” el personaje memorable de turno”. Pero es que cuando Kevin Spacey hace el papelón de su vida con un guión a la altura y que le viene, hay que decirlo, como anillo al dedo, es imposible no aplaudir. Frank Underwood es congresista en los Estados Unidos de América. La serie nos lanza a través de una carrera por el poder en la que la ética y los escrúpulos están prohibidos. Frank es un psicópata de libro, brillante, maligno, frío y calculador. No es un chiflado con una motosierra, es un maldito genio del mal dispuesto a todo, sea cual sea el precio, con tal de conseguir lo que se propone. Y lo que quiere es sencillo de entender: el poder.

Kate Mara interpreta aa la periodista Zoe Barnes, perpetuando el mito de que las estudiantes de periodismo están buenas.

Kate Mara interpreta en House of Cards a la periodista novata Zoe Barnes, perpetuando el mito de que las estudiantes de periodismo están buenas.

El poder por encima del dinero, el poder por encima del amor, de la amistad, la lealtad, dios o la decencia. El poder como meta última. Y por el camino, pequeñas molestias a las que hay que apartar, comprar o destruir. Sí, el punto flojo de House of Cards es que en ocasiones parece no ofrecer un contendiente a la altura de la maldad de Frank Underwood, y eso a veces deja un regusto a insatisfacción. Pero cuando la serie consigue crear el enfrentamiento, vaya si lo logra, y Kevin Spacey logra que estés deseando que ese hijo de puta sin principios ni moral aplaste todos los obstáculos que le impiden alcanzar sus objetivos. Una serie en la que te encontrarás apoyando sin filtro a un político tan malvado que hasta en Comunidad Valenciana tendrían reparos en darle la mayoría absoluta. Intensa, poderosa, impecable técnicamente. ¿Qué puedo decir? Que me da mucho miedo que sigan estirando la serie y acabe explotando… aunque no me podré resistir a morder la tercera temporada.

¡Y es que cuando algo se estira demasiado da mucho asco! Porque también me he puesto con Scrubs. Ya la había visto. Ya la había visto dos veces. Seguramente sea de mis series favoritas. Alguna vez hasta la he comparado con Community por sus trazas de absurdo y la intensidad de su drama humano. Otras veces he dicho que es el Scott Pilgrim televisivo. Vamos, que me encanta Scrubs, y me ha vuelto a encantar por tercera vez. El caso es que después de 8 temporadas que, digan lo que digan, no tienen precio, decidí darle un tiento a la novena temporada de Scrubs, que había evitado como la peste las dos veces anteriores. Y os cuento.

¡Esta imagen de Tara Reid antes de ponerse anorexica asquerosa está justificada! Sale como en 6 o 7 capítulos de Scrubs... en una serie de 8 temporadas.

¡La foto de Tara Reid antes de ponerse asquerosa está justificada! Sale como en 6 o 7 capítulos de Scrubs… en una serie de 8 temporadas.

La novena temporada de Scrubs NO ES SCRUBS. No lo es, así de simple. Es una especie de intento de hacer otra serie, o un spin-off muy raro. Manteniendo a algunos de los secundarios, entrega el testigo del protagonismo al grupito más anodino, odiable y molesto que podrías haber imaginado. Lo que en JD es divertido, incluso encantador, en Lucy es irritante, crispante e insoportable. Lo que en Turk era una personalidad ridículamente chulesca pero divertida, en Cole es la cosa más repugnante que has visto nunca. Y así con todo. Menudo asco de serie. Nada, absolutamente nada podría preparar al que sale de la octava temporada llorando para que hicieran este despropósito. Y mira que la octava intenta ceder más protagonismo a los secundarios, y algo te hueles… pero es que esos secundarios siguen siendo secundarios, o peor, desaparecen en la novena temporada. Por debajo del bajón de calidad de Los Simpson. Os lo juro, horrible.

Para compensar y dejarme un buen sabor de boca, he vuelto a Juego de Tronos, después de que la segunda temporada me dejase sin mucho entusiasmo y el arranque de la tercera me hiciera caer en un profundo letargo (curiosamente como los libros). Pero debo reconocer que cogí la cuarta con muchas ganas, y la he disfrutado como un niño. No es solo que contenga las mejores situaciones de Tormenta de Espadas, también es el momento álgido de Tyrion Lannister, el personaje favorito de la audiencia (en los libros aún puede haber debate). Peter Dinklage nos ofrece un trabajo actoral superior y todo va como la seda. Que gustazo de temporada, sin lugar a dudas, la mejor de las tres últimas. Y que pereza tengo ahora con Festín de cuervos. Uff… eso ya lo dejamos para otro día.

HODOR

HODOR

En fin, ¡y eso que no he hablado de Arrow, ni de Penny Dreadful ni de True Detective! Madre mía, un montón de series. Y para todos los gustos. Y casi todo bueno. No, si encima habrá quejas. Otro día más. ¿Skyfall o ciencia ficción? Las ganas que tenga de escribir y programar artículos decidirán.

¿Hasta qué punto vivir nuestras vidas a través de la pantalla nos ha restado parte de nuestra propia humanidad? ¿Nuestra locura y nuestra obsesión por los famosos, por ser testigos de la privacidad de las personas, nos ha convertido en una panda de maniacos? ¿Qué límites tiene la locura en la era de la informática y la red? Elijah Wood interpreta a un joven fan de Jill Goddard que tiene una web de capturas y “pilladas” de la actriz. Nick se verá arrastrado a una locura demencial que vivimos a través de múltiples ventanas que se abren y se cierran en la pantalla de su portátil. El resultado no es únicamente una cínica y descarnada expresión de la insana era de Internet, también es un brillante thriller que te agarra por los huevos en sus primeros minutos y te mantiene en tensión hasta el final.

En un solo párrafo ya he enseñado mis cartas, Open Windows me ha encantado, sencillamente me ha parecido un peliculón. La he disfrutado de la forma más puramente cinéfila posible: sufriendo cuando me tocaba sufrir y sin pensar en qué iba a pasar dentro de 20 minutos, obsesionado con el ahora, con los siguientes e inmediatos minutos. La tensión no es creciente, es directamente inyectada en tu torrente sanguíneo durante el primer acto y te mantiene aguantando la respiración durante todo el segundo acto sin una sola concesión a la tranquilidad.movies-open-windows-poster

A pesar de todo la película no es incómoda o desagradable de ver, en general es sorprendentemente llevadera y su brevedad juega muy en su favor. El tercer acto, seguramente el eslabón más débil de una película muy redonda (ya hablaré de por qué) termina justo cuando tu cabeza empieza a necesitar desconectar de tanta acción. El ritmo y el tiempo de la película está muy bien medido para no saturar, y una larguísima persecución se convierte en la escena más reveladora y con más diálogo de la cinta. ¿Os he comentado últimamente el gustazo que da salir de una película sin tener el culo dormido porque algún director decidió que si no dura 3 horas no es cine?

Mención aparte merece la decisión de que más de dos tercios de la película se vean a través de las múltiples ventanas abiertas en la pantalla del portatil de Nick, el protagonista. Esta jugada de Vigalondo le permite saltar de plano a plano a un ritmo frenético, y jugar con el lenguaje cinematográfico de una forma distinta y atrevida. El experimento podría haberle salido mal y acabar siendo cansino o cargante, pero todo lo contrario, se convierte en una de las cosas más destacables, para bien, de una película que, ya os digo, a mí me ha parecido sensacional. Es más, ese tercer acto que renuncia, al menos parcialmente y por imperativo del guión, a mostrarse enteramente a través del portatil de Nick, se resiente del abandono parcial de este formato, y aunque sigue jugando con la perspectiva del espectador, uno siente que no es exactamente lo mismo. No quiero dar más detalles por no aguarle a nadie el guión.

En una película con un reparto tan pequeño la labor actoral (que normalmente sería la clave)queda relegada gracias a esta decisión formal y al ritmo frenético que te mantiene en tensión. Aún así, los actores cumplen su parte, desde Elijah Wood haciendo de chico inseguro y asustado, un papel en el que ya le hemos visto un par de veces) hasta esa Sasha Grey que defiende su personaje como puede. Ninguno de los dos hace un papelón, pero tampoco es necesario, y al final las ventanas que corren ante nuestros ojos son más importantes y expresivas que los actores.open-windows-sasha-grey

El morbo perturbadoramente inmaduro que ha rodeado la promoción de la película por el hecho de que la actriz principal sea una ex-actriz porno me ha sobrepasado completamente, y llegados al punto de haber visto la película, me pregunto si no era intencional por parte de los responsables de Open Windows. El cuñaismo español en estado puro ha gritado como un animal en celo y soltado todos los chistes posibles. Contestando a la “pregunta del millón”, sí, Sasha Grey tiene un desnudo parcial en la película. Lo cual, viniendo de una chica a la que a cinco clics contados podéis tener haciendo casi cualquier cosa en la red, pues tampoco nos va a emocionar, la verdad.

Al final, como he dicho, esta obsesión malsana y algo palurda por Sasha se convierte en otro giro más dentro de la película, la reflexión de Open Windows se vuelve más pertinente y refleja hasta que punto llegamos al sinsentido con toda esta devoción por suprimir la privacidad y la intimidad de nuestros famosos, incluso cuando esta intimidad es solo una vaga imagen mental. No se trata de verla desnuda, se trata de verla desnuda en una película “normal”. ¿Somos así de idiotas? La respuesta es, como la propia película, amarga: sí.open_windows_ver4_xlg

Quería acabar el post hablando del epílogo de la película, seguramente el único momento en el que me permití respirar e intercambiar un par de palabras con mi acompañante en el cine. Intenta dar un último giro, una última vuelta de tuerca a la apuesta formal de la película, y funciona, más o menos, a pesar de que pasa a rozar el surrealismo. Y sin embargo, me ha gustado, me ha dejado un buen sabor y me ha dejado levantarme del cine con toda esa tensión e intranquilidad ya digerida. Creo, en conclusión, que estamos ante la mejor película de Vigalondo, y también, de lo mejorcito de lo que ha salido este año. Como ya empieza a ser tradición, será un estrepitoso bluf en taquilla que dure cuatro tardes en las salas, especialmente si no movéis el culo y le dais una oportunidad. Yo os la recomiendo muy muy muy mucho.

Fosforo contra DC

Publicado: julio 8, 2014 de Fosforo en Fosforo contra...

El otro día aproveché que mi cartera de Steam estaba petada de vender skins y detallitos que no entiendo que nadie compre y me hice con Injustice, el Mortal Kombat de DC. No soy muy fan de la saga de videojuegos con gore de baratucho, pero había tenido la ocasión de probar Injustice es la Madrid Games Week y pensé que valía la pena darle un tiento. Quizá la sustitución de los aburridos modelos serie B de Mortal Kombat por personajes de los cómics, unido a unos golpes finales algo más elaborados, acabaron por convencerme de que el sistema de juego no está tan mal, aunque yo sea mucho más aficionado a Street Fighter.Injustice

El caso es que, dejando aparte la carcasa de superhéroes, debo decir que el juego me gusta. Y mucho. El sistema de combate, bastante machacabotones en un principio, juega con una serie de combos bastante sencillos y eficaces, con controles bastante genéricos, que permiten que muy rápido puedas pillarle el truco a cada villano. Las interacciones con el entorno y los poderosos fatalities le añaden algo de gracia y variedad al asunto, y para rematar muchos de los personajes incluyen pequeños elementos propios, como la “caja de sorpresas” de Harley Queen, los distintos estilos de combate de Nightwing o Wonder Woman o las flechas de Green Arrow.

Y hablando de Green Arrow, estas mismas semanas he estado devorando la serie de televisión del personaje, llamada simplemente Arrow. La conclusión que saco es que, joder, muchas películas de superhéroes tienen mucho que aprender de Arrow. Arrow no tiene ningún tipo de complejo con su naturaleza superheroica. Hay personajes, hay guiños, y sobre todo, hay disfraces, máscaras, uniformes y secuaces cuando esto es necesario. Pero también tiene trama, y personajes que se van desarrollando, y romances y dilemas humanos. Puede que haya a quien esto le siga pareciendo demasiado Smallville, pero yo, que soy lector de toda la vida de Spiderman, estoy acostumbrado a que los superhéroes traigan una buena cantidad de carga de amoríos y tramas adolescentes. Y me gusta. Lejos de restarle interés a la serie, le suma puntos y le da la carga “seria y atormentada” sin estropear o impedir las escenas de acción, las máscaras y los superpoderes.Arrow_review_1600-1

A pesar de todo, sigue manteniendo un poco esa nueva marca Warner en el tratamiento de superhéroes, esto es, personajes más serios y los poderes más estrambóticos o inexplicables son cambiadas por cosas más mundanas. El caso es que a pesar de todo funciona, porque sabe cuándo tiene que ser más realista y cuando el público está dispuesto a aceptar un poco más de “magia” y superpoderes. El equilibrio es bueno y la relación de villanos que han ido apareciendo es más que satisfactoria.

De todos modos, no os dejéis engañar por esta valoración, Arrow no es la panacea. Es una serie algo irregular, con capítulos flojos, interpretaciones flácidas en algunos personajes clave y algunas decisiones absurdas por parte del protagonista que permiten avanzar las tramas con más o menos continuidad. No nos vamos a poner picajosos, es una serie entretenida y digna, pero no es 100% fiable. Habrá que ver como avanza, y también cómo avanza su crossover, Flash, al que ya le tengo bastantes ganas. ¡Esta serie ha conseguido que me interese ver una serie de Flash! Es realmente impresionante.

Mi novia de la serie, Willa Holland.

Mi novia de la serie, Willa Holland.

Como se puede apreciar, llevo un mes de Junio bastante deceita, de modo que he aprovechado también para leer unos cuantos cómics y sagas que tenía pendientes. De todos, el que más gana tenía de leer era Batman: Silencio (Batman: Hush), del que me habían hablado auténticas maravillas. Y la verdad es que, a diferencia de Arrow o Injustice, me ha parecido uno de los mayores bluf que he leído en tiempo. Menuda chatarra de cómic. No es que sea malo, vamos a entendernos. Pero tampoco es nada del otro mundo. La verdad es que no me acaba de gustar lo que yo ya he empezado a llamar “La fórmula del Fantasma”, en referencia a la célebre película de animación del caballero oscuro La máscara del fantasma.

Es un esquema algo recurrente en los cómics de Batman. No pasa nada, todos los superhéroes tienen su esquema recurrente, y es bastante normal en personajes con tanta continuidad, construyen clichés y acaba siendo más divertido jugar con ellos que romperlos. Pero en el caso de Batman me saca de quicio, porque “el mejor detective del mundo” es incapaz de darse cuenta de la repetición del cliché. “La fórmula del Fantasma” es, en resumen, la de la película: aparece un personaje nuevo (en muchos casos con relación con el pasado de Bruce Wayne), y más o menos al tiempo aparece un villano nuevo y misterioso con el que el guionista intenta establecer un paralelismo entre él y Batman. Después de mucho rato, y seguramente manipular a uno o dos de los villanos habituales de Batman… ¡Caramba! El personaje misterioso y el villano misterioso son la misma puta persona.00201467_ff8e52d5_580_530419653229e4.85352759

¡No jodas Batman! ¡Eres un genio! ¿Quién lo hubiera creído? Siempre hay un pecado que purgar, o algo. Batman siempre intenta rescatar a la persona de su oscuridad. Siempre fracasa. Menuda sorpresa. Al final es agotador empezar a leer un cómic de tantas páginas y cuando no llevas ni la mitad saber prácticamente todo sobre ello. Debo reconocer que, dentro de “La fórmula del Fantasma”, Batman Hush es la mejor de las versiones que he leído. Incluso guarda un último giro final que no es del todo, no del todo previsible. Y sale Batman zurrando a Superman. A todos nos gusta que Batman zurre a Superman, aunque claro, cuando lo hizo Frank Miller en los 80 aún molaba, ahora mismo ya lo tenemos un poco visto.

Pero sin duda, lo peor del cómic es el tufo a Jim Lee que el propio Jim Lee emite. Por cada composición de página interesante hay otro par bastante mediocres. Por cada postura de aspecto natural y bien hecha hay otras dos que dan dolor de espalda. Por cada rostro bien dibujado hay dos muecas de dientes apretados. No hay duda de que Jim Lee es de lo mejor de su generación, pero reconozcamos de una vez que aquella generación era un desastre. El mejor Jim Lee compite a duras penas, no ya con los clásicos, también con la mayoría de los dibujantes actuales. No entiendo la mitomanía que hay con él, porque a mí en el mejor de los casos me parece un dibujante decente tirando a bueno. Como el propio Batman: Silencio. Nostamal.

La portada más genérica del año.

La portada más genérica del año.

Creo que es la primera vez que hablo de un cómic de DC en este blog. ¿Qué será lo próximo? ¿Ganas de ver una serie de Aquaman? ¿Que La broma asesina me deje de parecer una mediocridad? Esperemos que no.

Fosforo contra los X-Men

Publicado: julio 1, 2014 de Fosforo en Fosforo contra...

Vamos a hacerlo así. 2 meses. 2 artículos semanales. Martes y Viernes. Una vez por semana con la sección “Fosforo contra X” con una temática algo más amplia y analizando varias cosas que no daban para post, y el día restante un artículo al que estábais acostumbrados cuando esto actualizaba (más o menos). Dentro de dos meses hacemos balance, no me voy a parar a pensar en si esto vale la pena antes del 31 de Agosto. Espero que lo pasen bien.

El mes pasado terminó la etapa de Jason Aaron al frente de la que se ha convertido en mi colección de Marvel preferida de los últimos 10 años: Lobezno y la Patrulla X, continuación de los eventos ocurridos en el Cisma mutante guionizado por el mismo Aaron. Durante dos años he sido testigo de una aventura sorprendente en la que la combinación de referencias al pasado, personajes nuevos y la formación de mutantes clásicos prácticamente al completo han protagonizado una colección divertida y tierna, llena de momentos emotivos y escenas geniales. El humor y la sensación de aventura han impregnado cada momento, y la sensación general que he tenido ha sido “Esto es lo que uno debería sentir cada vez que lee superhéroes”.

Así de fuerte. Así de bien. No hay muchas más palabras para describir una etapa asombrosa. Su relevo, a cargo de Jason Latour, ha llegado ya a España, y el primer número es, sin lugar a dudas, decepcionante. No sólo porque la trama que plantea no sea demasiado interesante, ni demasiado divertida. También porque en más de 40 páginas no vemos ninguna sorpresa, ningún nuevo estudiante de la escuela, ningún personaje querido al que todos habían olvidado, ni un solo chiste digno de tal nombre. En general tengo la impresión de que el nuevo guionista no ha comprendido el gran valor de Aaron al frente de la colección.WolverineAndTheXMen_4_Cover

El tono ligero de Lobezno y la Patrulla X ha sido clave para seguir la colección. Esa sensación de humor y aventura sin grandes implicaciones morales ni tragedias insalvables, con unos villanos que, más allá de sus historias macabras, están narrados con una frescura distendida que nos hace olvidar que son asesinos de masas. Lobezno y la Patrulla X es ante todo divertida, y supedita casi todo lo demás en aras del entretenimiento. La otra gran apuesta es el desarrollo de la personalidad de nuevos mutantes que están descubriéndose a sí mismos en un instituto. En esto el guión le debe tanto a la primera “nueva” formación de Claremont que no haberlo visto significa no haber leído mutantes en la vida.

42 números después, podemos decir que el gran defecto de esta etapa ha sido su cruce con los distintos crossovers marvelitas, tanto los relativos exclusivamente a los mutantes como el que enfrentó a los X-Men con los Vengadores a cuenta de la Fuerza Fenix. A pesar de que estos eventos tuvieron repercusiones más o menos importantes en la colección de Lobezno y la Patrulla X, y que Aaron ha hecho lo que ha podido por mantener el tono, se nota un bajón de la calidad y una pérdida de parte de esa esencia divertida al tener que enmarcarse en una historia mayor y de tintes más dramáticos y seriotes. Una pena, porque esta circunstancia complica también la futura recopilación de la que, ya lo he dicho, me parece la mejor colección de los últimos 10 años.

Sin duda mi personaje favorito, Quentin Quire.

Sin duda mi personaje favorito, Quentin Quire. Inmaduro, prepotente, inseguro y malvado a ratos.

De paso, mis encuentros y desencuentros con los mutantes no ha terminado con el papel. El otro día acudí a ver X-Men Días del futuro pasado. Para una persona que se ha perdido Capitán América Soldado de Invierno y Amazing Spiderman 2 en los cines este año, lograr al fin ir a ver una película de superhéroes debería haber sido un motivo de alegría. Pero no, iba acojonado. Iba acojonado porque la saga X-Men ha sido, en mi opinión, la más maltratada de las franquicias de superhéroes marvelitas adaptadas a la gran pantalla. Si bien es cierto que los 4 Fantásticos fueron malditos con la representación menos carismática y apropiada de sus villanos correspondientes, y que Ghost Rider fue torturado haciendo que Nicolas Cage llevase el papel principal, no hay nada comparable a la pareja X-Men 3 + Lobezno: Orígenes.

Seguramente dos de las peores películas de superhéroes de la historia rematando de muerte una saga que, a pesar de sus momentos brillantes, erraba la dirección en muchas ocasiones.

Para mí la trilogía inicial de X-Men adolece de un defecto profundo, que comienza desde los minutos iniciales de la primera, atraviesa la a pesar de todo notable segunda parte y explota con crudeza ante el desbarajuste imperdonable de La solución final. El problema es que no se trataba de películas corales, y los que debieron ser protagonistas eran olvidables secundarios sin apenas desarrollo. Cíclope quedaba vaciado de carisma, convertido apenas en el rival de Lobezno en un triángulo amoroso con una irreconocible Jean Grey. Tormenta juntaba apenas la personalidad de un mosquito… y en realidad el grupo de los mutantes era eso. Los X-Men eran 3 personajes. Creo que es el grupo más exiguo que ha llevado nunca la X en el traje.

Odio muy fuerte este cartel, por cierto. Me parece una mierda.

Odio muy fuerte este cartel, por cierto. Me parece una mierda.

Mientras que Lobezno acaparaba el protagonismo y otros mutantes peleaban por ser secundarios recordables (Mística, Rondador Nocturno, Ángel) otros muchos pasaban sin pena ni gloria en un festival de cameos mutantes vergonzoso: Kitty Pride, Coloso, Juggernaut, Callisto… Todo esto se agravó muchísimo en el debut en solitario del verdadero y único protagonista de la saga, Lobezno: Orígenes, donde los secundarios apestaban muchísimo y la trama ya directamente no tenía ni idea de hacia dónde avanzaba a partir de los primeros 20 minutos.

X:Men Primera Generación cambió eso. Fue una gran película y una notable película de superhéroes. Trasladando el protagonismo a Charles Xavier y creando un verdadero reparto de secundarios memorables y villanos no tan memorables, X-Men Primera Generación no era, en absoluto, la película de mutantes que muchos habíamos querido, pero su calidad nos hizo perdonarle su distancia con el material original en tono y en contenido. Y lo pasamos muy bien. Y aquello era, por supuesto, muy peligroso. Porque la siguiente película, este X-Men Días del futuro pasado, resulta que volvía al elenco de las tres primeras películas, devolvía el protagonismo a Lobezno, y volvía a salir toda esa gente que no estábamos seguros de querer volver a ver: Tormenta, Coloso, Kitty Pride…

Peor. Kitty. Pryde. De la historia.

Por cierto: Peor. Kitty. Pryde. De la historia.

¿Cuál es el resultado? [Lo plantearé con pocos spoilers, pero cuidado aquí] Una película que ha aprendido de sus errores. Ante todo se trata de un intento de enmendar una saga desastrosa. Y en ese sentido, debo decir, es una película muy marvelita. En lugar de optar por el formato reboot de “todo lo que has visto no ha pasado” de Amazing Spiderman, más típico de DC, X-Men Días del futuro pasado se dispone a hurgar y purgar en la continuidad de la saga mediante viajes en el tiempo, futuros apocalípticos y deus ex machinazos. Algo que, insisto, es muy propio de los cómics. Revivir personajes, revisitar momentos desde otra perspectiva, crear todas las paradojas posibles… En cierto modo esta es la película más “comiquera” de la saga.

Pero también ha aprendido de sus predecesoras cinematográficas en cuanto a lo que directamente consideramos cine. Aunque el protagonista sea Lobezno, comparte ese protagonismo en gran medida con Xavier, en una especie de arreglo entre Primera Generación y la trilogía. La película sabe, no sólo lo que te quiere contar, si no que sabe cómo te lo quiere contar y más importante, qué te quiere contar en la siguiente película. Y eso es muy de agradecer. Y para colmo, los nuevos mutantes que toman protagonismo están mejor desarrollados, mejor trabajados y tienen un papel un poco más relevante que los insulsos X-Men de las primeras películas.

Sí, algunos de sus fallos siguen ahí. Tormenta tiene tanta personalidad como Hodor, las referencias a X-Men 3 nos hacen sentir incómodos y los Centinelas no tienen ni puñetera gracia. Pero Bestia, Mercurio, Mística y Magneto tienen la relevancia suficiente como para aguantar sobre sus espaldas cada minuto que los protagonistas les conceden. las coreografías de batallas muestran realmente poderes (muy bien aprovechada Blink) y no simplemente saltos enormes como en La solución final, y los humanos tienen un papel un poco más elaborado y complejo que en Primera Generación, quizá demasiado centrada en los mutantes y sus dinámicas internas. Creo que el gran acierto de esta nueva visión de la saga es centrarla en momentos históricos y apostar más por el drama mutante de “temidos y odiados” que por la personalidad de un Lobezno que, sinceramente, me sorprende que le siga interesando a alguien.

Los centinelas tienen el carisma de Keanu Reeves sedado y con la cara llena de botox.

Los centinelas tienen el carisma de Keanu Reeves sedado y con la cara llena de botox.

Yo sigo soñando con una película de X-Men con Bestia, Cíclope, Jean Grey y, a falta de que Ángel o el Hombre de hielo entren en esta primera etapa por cosas de la continuidad, otro par de mutantes clásicos (Tormenta y Coloso, por decir) haciendo grupo para enfrentarse con las amenazas descritas en los primeros años de los cómics. Más centinelas, una Hermandad de los mutantes diabólicos con algo de chicha, Morlocks,… Las posibilidades están ahí y el material en viñetas es excelente. A pesar de que las ganas de que Marvel recupere los derechos de los mutantes siempre estarán ahí, puedo decir que X Men. Días del futuro pasado me ha devuelto la fe en que, mientras eso no ocurra, habrá películas de mutantes que cumplan los mínimos de calidad.

Inside Llewyn Davis

Publicado: enero 10, 2014 de Fosforo en Cine

No os voy a mentir, no comparto el entusiasmo por los hermanos Coen que tienen algunos de mis amigos. No puedo decir que ninguna de sus películas me haya disgustado, porque no lo han hecho, pero empezando por El Sobrevalorado Lebowsky y terminando por ese enésimo intento de revivir el western que fue Valor de ley, sus películas me resultan poco más que satisfactorias. Poniendo esto por delante, creo que estoy en buenas condiciones para decir que Inside Llewyn Davis me ha gustado bastante, pero tiene sus peros.MV5BMjAxNjcyNDQxM15BMl5BanBnXkFtZTgwNzU2NDA0MDE@._V1_SX640_SY720_

Muchas películas de los Coen parten de la premisa del perdedor. El personaje es un total tirado, un desecho sin futuro ni presente. Es el caso de Llewyn Davis, un cantante de folk neoyorkino en 1961. Toda la película gira en torno a la música folk, a todos esos pobres que trataron de probar suerte con una música que se resume en la película como “Si nunca fue nueva y no envejece, es que es una canción folk”. Ojo, a mí esa música me gusta. Y eso puede tener un marcado influjo en la impresión que nos de la película, porque esta tiene muchas, muchas canciones. Muchos momentos musicales (motivo extra para verla en VOS) que, si no te gusta el folk, supongo que pueden no ser de tu gusto. Pero si Bob Dylan te dice algo, tenemos eso superado.

Este personaje de perdedor no tendrá su punto de inflexión al comienzo de la película, no hay un gran suceso que marque su vida al empezar y que nos lance en una historia más o menos descabellada, como el El Gran Lebowsky o en Quemar después de leer. Se trata más bien de un retrato más o menos costumbrista de la vida de este imaginario, aunque basado en anécdotas reales, músico de folk en el arroyo, al borde del precipicio. Si te gustan las películas sosegadas, crudas, realistas, sobre personas mediocres, puedes disfrutar mucho de esta película. Sin embargo, si vas buscando el descontrol de las anteriormente mencionadas, o sencillamente no te interesa tanto la pequeña introspección, puedes encontrarte con que su ritmo lento y su aparente falta de dirección te irrite.

Esta cara muchas veces. Eso es la peli. SPOILER.

Esta cara muchas veces. Eso es la peli. SPOILER.

Por suerte, este ritmo se aguanta sobre unas excelentes interpretaciones y, mejor aún, numerosos puntos de humor. Humor amargo, humor negro, humor duro y cruel, pero humor. No un humor de carcajada ni de risa fácil, Inside Llewyn Davis se ceba y se regodea en el patetismo de sus personajes, con especial saña en el personaje protagonista. Nuevamente, nos encontramos con una historia alejada de sus comedias más descerebradas y que busca una mayor madurez en los guiones de las producciones de los hermanos Coen. Todo esto para mí son puntos positivos, pero puede haber quien no lo encuentre así. Voy a hacer una afirmación a lo loco: el humor de Inside Llewyn Davis es como el del Ricky Gervais de Extras, pero sin tanto revuelo. Lo suficientemente discreto como para que, a diferencia del humor de Gervais, yo pueda sobrevivir a él sin meter la cabeza entre las rodillas y desear que pare de ser todo así de lamentable.

Como decía, las interpretaciones son excelente, algo que los Coen siempre han cuidado bien. En todos los aspectos de la dirección, la película es buena, sin tocar la excelencia pero sin poder reprocharle nada. El tono, mitad nostálgico mitad patético de la historia está perfectamente recogido, y el ambiente invernal le acaba de dar el toque perfecto. La banda sonora, por supuesto, es más que sobresaliente. Tratándose de una película sobre la música, no podía ser de otra manera. Y hay de todo, no solo buen folk, también tenemos letras absurdas, música mediocre e intérpretes ridículos. Forma parte del encanto, del ambiente de esta película. No todo es bonito. De hecho, muy pocas cosas lo son.

La peli que hará que dejes de soñar con vivir de la música.

La peli que hará que dejes de soñar con vivir de la música.

No puedo contaros mucho más de la película sin entrar a destripar el argumento. Digamos sencillamente que ha sido una magnífica película para empezar 2014, y que os la puedo recomendar con la razonable esperanza de que os guste tanto como a mí. Con las salvedades ya dichas.

¿Volverá a actualizar este blog la semana que viene? Eso, amigos, no os lo puedo prometer.

¿Qué? ¿Un post? ¿Un propósito de año nuevo? ¿Una prueba más para vuestra paciencia? ¿Una excusa para poner fotos de Alison Brie en el blog? Sí, todo eso y quizá un poco más. Porque normalmente no hablo en Crisis Creativa de cosas que me encanten hasta el punto de extasiarme. Primero, porque hay pocas. Segundo, porque a las dos semanas ya se me está ocurriendo una forma mejor de expresar una u otra idea en el artículo, y mi perfeccionismo nos conduce a un cuento de nunca acabar donde Crisis Creativa no actualiza jamás. Como últimamente, vamos. Quizá por eso me atrevo ahora, y no antes, a escribir sobre la serie, sobre Community. Que no, no es la primera vez, algo escribí cuando iba por la primera temporada, que me había gustado sin encandilarme…tv-community-joel-mchale_24459105-e1363283486602

Es curioso como comencé esta serie con mi habitual escepticismo para terminar abrazándola como una de mis series favoritas, hasta el punto que me gustan incluso sus capítulos mediocres. Y es que para mí es algo importante a la hora de recomendar Community: es genial, pero es irregular. Si ves un capítulo excelente y esperas que todos mantengan el tipo, mala suerte, te llevarás una decepción importante. Si por el contrario, te dejas llevar por el atractivo natural de las situaciones, la originalidad de sus personajes, la cotidiana intriga de las tramas de cada temporada y la gloriosa visión de Alison Brie, seguramente podrás disfrutarla lo suficiente como para entender mi obsesión profunda con Community. Pero, ¿qué gancho tiene esta serie?

Lo que realmente me gusta de Community es que no es una serie para todos los públicos. No es una serie siquiera para un público mayoritario. Muchas veces me he encontrado exclamando por su enorme nivel de atrevimiento a la hora de hacer humor. Porque en el fondo es una serie blanca, pero goza de una buena dosis de humor negro, con chistes sobre el racismo, la religión, el machismo, la política, la sexualidad e incluso se atreve a bromear con el Holocausto o el 11S. También juega, y mucho, con los referentes, con los homenajes, con las parodias, con un nivel de “humor friki” (con perdón) muy superior al de una producción televisiva “mainstream” como The Big Bang Theory. La serie en ocasiones es cáustica o cínica, pero también es dulce, es amable, tiene un mensaje en el fondo sobre las relaciones humanas que va más allá de la tensión sexual durante una decena de temporadas entre dos personajes. Y eso también hace grande a Community.

¡Tensión sexual! O algo.

¡Tensión sexual! O algo.

Community rompe los esquemas y escapa de lo que Futurama describió con puntería: “La audiencia no quiere ver algo que sea original. Quiere ver lo mismo que ha visto ya tropecientas veces”. El gran acierto de la primera temporada es ese, escapar poco a poco de su mediocre y rutinario punto de partida, y la grandeza de la segunda (la mejor) es no repetirse, sino innovar para llevar la serie por un camino inesperado, único y en muchas ocasiones imprevisible. No es solo que me haga reír tanto como lo mejor de Los Simpson, Frasier o South Park (¿os he comentado ya que soy muy fan de todas estas series?), es que en ocasiones logra emocionarme, logra que conecte con sus personajes, y eso es algo que muy pocas sitcoms logran. Su exceso absurdo en las tramas se compensa con relaciones sólidas y creíbles entre personajes exagerados y locos, sí, pero también humanos. Y esa es la virtud definitiva de Community. Que por encima de su barniz ecléctico encontramos diálogos y reflexiones útiles para la vida (como en Los Simpson cuando realmente molaban) que podemos sentir como ciertos. Como propios.

Cuando uno comienza un capítulo de Community no sabe lo que le espera. Quizá sea una partida de Paintball a muerte, una aventura en globo, un videojuego de realidad virtual, una alucinación demencial o una guerra de almohadas a escala universitaria. O quizá sencillamente sea un trabajo de clase que no sale como esperaban, una mudanza o una fiesta de cumpleaños. Y tanto en un sitio como en el otro, la serie maneja varios niveles distintos, varias subtramas, entre 6 y 9 personajes protagonistas y, para colmo, una deliciosa combinación de comentarios sarcásticos, respuestas cortantes y violencia verbal contenida. Me encanta esta serie por todo lo que se atreve a mover en menos de 20 minutos, y por eso se lo perdono cuando intenta abarcar más de lo que puede, o cuando peca de modesta y ofrece solo un entretenimiento mediocre. Porque todos los ingredientes están ahí, y aunque la mezcla no sea perfecta todas las veces, me mantiene unido a esos personajes. Mezcla los capítulos autoconclusivos con pequeñas tramas temporada tras temporada que van avanzando para que ningún capítulo sepa a pérdida de tiempo del todo. Salvo el episodio final de la cuarta temporada que es una puta mierda.

Annie recriminándole  a Donald Glober ser negro dejar la serie.

Annie recriminándole a Donald Glover ser negro dejar la serie.

Es fácil ser superficial y decir que mi personaje preferido es Annie, pero también se puede ir a lo obvio y decir que es Jeff, o apuntar a lo salvaje y decir que es el brutal Pierce interpretado por Chevy Chase. Sin embargo, todos tienen algo que les hace únicos, todos tienen una pequeña parte de mí. El inconformismo light e inseguro de Britta, el patetismo de Troy o la locura apenas contenida de Abed, el personaje que decididamente nunca sobra en pantalla. En un momento o en otro, todos son odiosos, y en otros quisieras ser cualquiera de ellos, incluso Shirley, incluso Chang, todos tienen ese instante de brillo en algún capítulo que hace que tengan sentido, aunque sea como blanco de las bromas. La galería de secundarios, encabezada por el Decano, está formada por personajes excéntricos, aún más absurdos que los protagonistas, y que le dan un punto de color a cada aparición, a cada capítulo. Todos ellos han logrado grabarse en mi cabeza y, algunos de ellos, han conseguido el capítulo que por derecho propio les pertenecía. Pocas series gozan de personajes “de fondo” tan inolvidables.

¿Qué más quieres? Guiones atrevidos, humor sin frenos, diálogos delirantes, Alison Brie…  Si todo esto no te ha convencido, quizá nada pueda hacerlo. Ahora, amigo que no ha visto la serie, deja de leer, porque voy a comentar aquí mis primeras impresiones con los dos primeros episodios de la quinta temporada, el esperado regreso de Dan Harmon a la sala de guionistas de Community.

Más abajo no hay fotos de Alison Brie. Si no has llegado a la quinta temporada, detente.

Más abajo no hay fotos de Alison Brie. Si no has llegado a la quinta temporada, detente.

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Youtube España es un dramón. Hoy, Razvi

Publicado: noviembre 19, 2013 de Fosforo en Opinión

Hostia, que sucio está todo… ¿Qué huele tan mal? ¡Ah! Es el programa número 10 de OEPSW, que está ahí tirado sin editar… Maldita sea, sí que llevaba tiempo sin entrar por aquí…

¡Hola, queridos lectores! Como muchos de ustedes saben, no siento excesivo aprecio por la comunidad de Youtube en España… Bueno, digamos que siento ligeras arcadas cuando en leo una biografía que pone “Youtuber” en Twitter. Digamos que mi afición habitual es sacudir a la gente que graba gameplays con el brazo arrancado de algún espectador de Visto lo Visto. Vale, bueno, que me cago en Youtube España.

Con semejante preámbulo, alguno de vosotros estará pensando, ¿y entonces a qué ese título? Ya sabemos que Youtube España está acabado desde que nació, que es como el hijo tonto del show business de Telecinco. Pero yo me refiero a que TODO está perdido. Todo todito. Que la cosa se va a la mierda. El mundo, digo. Todo. También el que se encuentra uno al salir de tu casa. Todo a la mierda.

Y este prodigioso mensaje de caos, de muerte y destrucción no nos lo ha acercado a nuestras casas el tipejo de MundoDesconocido. Para nada. La verdad revelada sobre el fin de los tiempos, sobre las grandes catástrofes y plagas bíblicas que se ciernen sobre el hombre contemporáneo nos la trae el más grande youtuber que jamás pudo haber sido en España.

Y no, no me refiero a Dallas Review.

Dallas es una mierda de otro calibre. Un calibre enorme. Un calibre de “voy de malote, este video va a joder a muchos” más descafeinado que Ned Flanders sedado. Un calibre “finjo mi muerte (En serio, ¿qué?) y luego hago un video así como profundo y de mensaje social y tal sin tener puta idea de lo que hablo. Otro día hablamos de Dallas…

El joven del que hablo ha llevado los niveles de “ser la mierda” a nuevas cotas del costosísimo falsamente comprometido. Las imágenes de intento de conciencia social más tristemente lamentables que he visto desde SKA-P cantando en un festival organizado por Pepsi las he podido contemplar gracias a ese hombre. Un grande. Razvi.

ZI, KIEN TIENE LA KULPA?

ZI, KIEN TIENE LA KULPA?

Puede que su nombre no os suene. Eso es porque está siendo vilipendiado por “la mafia de Youtube”, que ahora mismo viene siendo cualquier persona que suba contenido propio y no sea el que te está hablando. Que tampoco es que originalmente lo de la mafia de Youtube tuviera sentido, pero gente como Razvi le ha dado un nuevo giro de tuerca, y ahora la mafia es todo el mundo. Sí, incluso Un Tipo Con Boina es un maldito mafioso de Youtube. ¿Saben por qué? Porque seguro que usa BOTS.

Razvi se hizo “popular” y tuvo sus minutos de gloria cuando descubrió América un supuesto sistema basado en las estadísticas de Youtube para detectar el uso de bots. Algunos usuarios usan “bots” para aumentar las visitas de sus videos y ganar más dinero. Esto, que en principio devalúa uno de los sistemas de financiación más limpios e inteligentes de la red, ha derivado en algo mucho peor, que es la saturación de contenido de denuncia por el supuesto uso de bots. El sistema del señor Razvi se basa en lo que él llama “picos” de audiencia. Cualquier persona habituada a la estadística de su propia página web sabe que los contenidos, especialmente los más o menos recientes, experimentan picos de visitas.

También echa pestes de otros Youtubers que me caen peor que él.

También echa pestes de otros Youtubers que me caen peor que él.

Sea porque son las 9 de la mañana y todo el mundo, recién sentado en su ordenador del trabajo, empieza a reenviar las cosas interesantes que vio la tarde anterior y a mirar las que les mandan los otros. Bien porque alguien con 10.000 seguidores se ofende horriblemente porque te has metido con algo que le gusta y te insulta en Twitter, logrando que… ¿un 10%? de esa gente pinche el enlace a ver de qué va la mierda. O bien sencillamente porque Internet es un mundo oscuro y maligno, y de pronto un montón de gente llega a tu  antiguo post sobre Harry Potter buscando “Emma Watson lapdance” porque hay un rumor de que existe un documento con dicho baile sexy. Leer el resto de esta entrada »