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«For the sea will swallow up the mountains
And the sky will throw thunder-bolts and sparks»

Straight to You, Nick Cave & the Bad Seeds

 

Hace poco se emitieron por televisión la segunda entrega de la saga mutante, X-Men 2. Cómo no, fue TT en Twitter y mi TL se vio inundado de comentarios positivos sobre la película, que si era la mejor de la saga, que si tenía mucha profundidad y (lo peor), Fosforo dijo que era su película favorita de superhéroes.

Leyendo esto, no me quedó más remedio que plantearme dar un golpe de blog y tomar las riendas de Crisis creativa, que claramente está en manos de un demente. Sin embargo, antes de tomar una decisión tan drástica, he decidido darle a Fosforo la oportunidad de que se redima y vea que X-Men 2 tampoco es para tanto. Bueno, a él y a muchos de ustedes, que sé que también están en el ERROR.

Dama Mortal, compitiendo en patillas con Lobezno.

Ya cuando vi esta película por primera vez, allá por el lejano 2003, se me hizo algo pesada y aburrida, especialmente ese farragoso acto final que ocupa prácticamente la mitad de la película. La volví a ver un tiempo después, y la sensación no cambió. Sin embargo, quién sabe, a lo mejor un tercer visionado cambiaba mi percepción de la película. A fin de cuentas, ahora sé valorar muchas cosas que antes no. Por desgracia, la cinta ha salido peor parada al volver a verla: me ha resultado más soporífera que las dos veces anteriores, y eso que iba con buena predisposición.

Si lo bueno de X-Men era su corta duración (hora y media escasa) y que iban al grano, en la secuela nos encontramos con unas ínfulas que no hacen ningún bien a la historia, inspirada vagamente en la novela gráfica Dios ama, el hombre mata. A grandes rasgos, William Stryker, responsable del proyecto Arma X que le dio el esqueleto de adamantium y sus garras a Lobezno (o no, pero ya saben cómo es esto de los retconeos), planea crear su propia réplica de Cerebro para acabar con los mutantes.

Además de los consabidos cameos, X-Men 2 incorpora algunos nuevos mutantes a la plantilla, como Dama Mortal, Pyro, Mente Maestra y Rondador Nocturno, al que no se le saca todo el partido que se podría. Sí, le vemos rezar en un par de escenas para que sepamos que es creyente y demás, pero no se explota ni una fracción del potencial del personaje. En su lugar, solo tenemos una poderosa primera escena en la Casa Blanca, mientras que el resto de la película se la pasa rondando, ejejjejjjejejjjejejj.

«¡Javier Krahe ha ofendido mis sentimientos!»

Dama Mortal está para cubrir el hueco dejado por Dientes de Sable, y es que Lobezno tiene que tener alguien con el que afilarse las garras, ¿no? Pues nada, cogemos a una de las némesis emblemáticas del mutante canadiense, la reducimos a mero peón de Stryker, le damos una frase en toda la película y hale, tirando millas.

En cuanto a Pyro, no es más que el clásico personaje que empieza en el bando de los buenacos al cual se le ven las intenciones de irse de parranda con los malotes desde el minuto uno. Y es lo que pasa, claro. Algo que tampoco pilla de sorpresa a cualquier conocedor de los cómics, pero ya ven. El caso es que lo único que produce Pyro es ganas de matarlo a patadas en la boca, porque es tan chulo que es un dolor. El típico cani que da por saco con el mecherito, con el añadido de que este es pirokinético, por lo que puede dibujar un «toOo wApOoOoH» con llamas. Lo que faltaba.

¿Y los personajes antiguos QUÉ? Pues ahí están, bastante desdibujados en la mayoría de los casos. Jean Grey está preocupada porque su nivel de poder está aumentando y tiene malos presagios, y así nos lo hace saber en dos escenas, y YA. Cíclope está de fondo, haciendo NADA. El Profesor X se pasa la mayor parte del metraje manipulado. Pícara interviene en dos ocasiones y luego a tomar el sol, y así. Tan solo Lobezno y Magneto consiguen mantener cierto empaque, y más por los intérpretes que por cómo están escritos los personajes.

«¡Ese Lobezno, cómo mola, se merece una ola!»

La historia, bastante soporífera y alargada de por sí (y es que no eran necesarias dos horas para esto) está salpicada de GENIALES! incoherencias argumentales. Por ejemplo, en un momento de la película, un misil alcanza al jet de la Patrulla, provocando que este se precipite hacia el suelo en una caída inevitable. ¿O no? No olvidemos que a bordo se encuentra Tormenta, cuyos poderes le otorgan control sobre el clima. Sin embargo, pese a las proezas realizadas anteriormente, como crear varios tornados, generar un poco de viento para frenar la caída se antoja imposible. Menos mal que, en un deusexmachinazo del quince, Magneto está ahí para frenar su caída en el último momento. MENOS MAL.

¿Otro ejemplo? Mística adopta la apariencia de Jean Grey para intentar triscarse a Lobezno. ¿Por qué? Porque sí, porque es GRASIOSO engañar a los buenos y demás. Bien, pues el crédulo de Logan no se da cuenta del percal hasta que ve que «Jean» tiene tres cicatrices en el abdomen, producidas cuando Lobezno se la clavó le clavó las garras en la Estatua de Libertad, en la primera entrega. Ajá. Por partes: ¿por qué Mística, que puede alterar su apariencia a voluntad, no oculta las cicatrices? ¿Y por qué Lobezno, que distingue a la gente por el olor, no se había dado cuenta?

 

En resumen, X-Men 2 es una película a la que las ansias de grandeza le impiden hacer lo único que se le pedía: entretener. Y es que no se puede estar dando vueltas durante dos horas para no llegar a prácticamente ningún lado. Desde luego, no es X-Men 3: La decisión final (de la que ya hablé aquí), aunque es curioso que la tercera entrega, pese a ser peor película, resulta más amena que esta.